12998319_995859283801712_2073747654211210503_o¡Pienso mucho! Hay quiénes, al leer esta afirmación, seguramente hagan comentarios del tipo: “pues no pienses” “ni que eso fuera un problema” “menuda suerte”; mientras que otros irán más allá: “le das demasiada importancia a las cosas” “eres muy perfeccionista” “no se puede llegar a todo” y un largo etcétera.

Sin embargo, en esta ocasión (y muy a mi pesar) voy a tener que reflexionar sobre ello, pues hace justo una semana pensaba que tenía tantos temas bonitos sobre los que escribir que no escribí nada; y esta semana pensaba que estaba demasiado triste para escribir. Es posible que, tanto una como otra, sean una mala jugada del lado oscuro que habita en todos nosotros para boicotear mi propio proyecto, así que voy a escribir, a publicar y compartir en redes sociales este artículo.

Porque… ¿Qué problema hay en estar triste? Eso también se puede compartir, ¿no?

Soy de vivir despacio, pensar deprisa y regalarle tiempo a las personas que me importan… Soy así, y me gusta. A veces, cuando eres maestra, y ves reflejada tu forma de ser en 26 niños y niñas, es cuando realmente aprendes quién eres, pues ellos y ellas siguen tus pasos sin darse cuenta. A veces creo que es un proceso mágico, algo que se escapa de toda razón; pero entonces recuerdo los múltiples cursos y formaciones realizados a lo largo de mi carrera, y vienen a mí las neuronas espejo y la técnica del Modelado usada en PNL, que me recuerdan que nada sucede por casualidad.

Esta última semana, debido a diferentes sucesos a mi alrededor, he vuelto a hacerme (una vez más) la misma pregunta: ¿cómo se puede enseñar sin “ser”? ¿cómo se puede pensar sin “ser”? ¿cómo se puede creer sin “ser”? Sí, es cierto que mi cabeza va mucho más rápido que la de la mayoría, pero realmente necesitamos hacer una reflexión profunda sobre “el ser humano” o si me lo permiten, y barriendo para casa, sobre “el ser infantil”.

Hace poco, en las III Jornadas Educar para Ser, Teresa Ubeira, directora de O’Pelouro, afirmaba que ningún niño o niña puede aprender si no se reconoce antes su “ser”. Si tenemos en cuenta que el ser humano tiene varias dimensiones y múltiples inteligencias, lo más importante es aceptar a esas pequeñas personitas que tenemos delante, y guiar su proceso para que entiendan, poco a poco, cómo se sienten, cómo son y cómo quieren ser; acompañarles para que se acepten y acepten a las personas que tienen a su alrededor; hacer que el proceso sea lo más dulce posible.

La identidad, la pertenencia, el reconocimiento, además de ser derechos fundamentales de la infancia, forman parte de las necesidades esenciales de cualquier persona. Y sí, necesitamos reconocer que si esas necesidades primarias o secundarias están perdidas o se encuentran a la deriva, difícilmente alcanzarán el deseo de aprender, de mejorar, pues eso se encuentra en el escalón más alto de la pirámide y se muestra, para muchos, inaccesible.

corazon

Alguien se atreve a afirmar, muy despacio: “Pero, Elsa, eso es muy difícil”. Y yo siempre contesto lo mismo: “solo hace falta parar y escuchar, amar y aceptar incondicionalmente, ser amables, respetar, cuidar… y todo ello, hacerlo de verdad, a fuego lento, con cariño, desde el corazón”.

Un maestro, una maestra, tiene que llegar a la escuela con una sonrisa, o al menos, con la intención de dar lo mejor de sí, de dar otra oportunidad a ese niño tan difícil, de saludar con cariño a todos y cada uno de los miembros de la comunidad educativa, de tener un día precioso.

Muchos, al leerme, pensarán que esto que cuento es una utopía, pero por favor, tengan por seguro que existen aulas donde nos saludamos cada mañana con un “buenos días” y una gran sonrisa; donde el “ser persona” es más importante que el “saber cómo serlo”; donde los relojes no cuentan el tiempo sino nuestras experiencias; donde todos y todas tenemos la oportunidad de ser quiénes somos en realidad y somos aceptados; un “Océano” donde somos felices…

Este año, mi pequeño mundo es un océano, así de inmenso, maravilloso, atractivo, interesante… Gracias a ellos y ellas, los días que amanecen tristes se vuelven sonrisas y el proceso de enseñanza-aprendizaje resulta una aventura apasionante.

Este es el comienzo de una gran historia, así que, estad atentos, pues hay muchas historias guardadas por contar, y muchas vivencias nos esperan en un día a día incansable y sorprendente.

¡A por otra semana de aventuras! ¡Gracias por leerme!