Este año (curso escolar) está siendo para mí un año de comienzos; de volver a empezar, siendo la misma pero diferente; de volver a aplicar los mismos recursos en los que ya creía, pero con la base científica y la formación necesaria para justificarlos; pero sobre todo está siendo un año de vivencias.

Para mí siempre ha sido esencial conocer a mis alumnos y alumnas, saber quiénes son, interesarme por sus aficiones y las cosas que llenan sus cabecitas, conocer a sus familias y establecer un diálogo respetuoso y sincero con ellas. El tiempo me ha ido dando la razón, pues he de decir que durante toda mi carrera profesional he llegado a tener muy buenas relaciones tanto con los niños y niñas como con las personas de su entorno cercano.

No sé si esta forma de enseñar se la debo al hecho de haber crecido en un pueblo, donde los maestros y maestras eran parte de la comunidad y era habitual que nos conocieran y supieran cosas de nosotras. De lo que ahora estoy segura es de que es la forma correcta, pues los niños y niñas son seres humanos que se están formando, y necesitan vínculos afectivos para desarrollar su aprendizaje.

Neuroeducación: cuando la ciencia avala los cambios metodológicos.

El miércoles pasado tuve la suerte de poder asistir a una conferencia del Dr. Francisco Mora, doctor en medicina por la Universidad de Granada y doctor en neurociencia por la Universidad de Oxford. Ha sido una de las conferencias que más he disfrutado durante los últimos tiempos, porque como vas a leer ahora, todo lo que en ella se dijo, y que ha sido ya avalado por numerosos estudios científicos, está alineado directamente con mi forma de entender la educación.

Es difícil resumir en solo un artículo las ideas principales de lo que en ella pudimos escuchar, pero voy a extraer algunos puntos que fueron para mí los más importantes.

  • “¿Qué significa la educación para un ser humano?” se preguntaba el Dr. Mora al inicio de su exposición. “El ser humano es lo que la educación hace de él”.

Muchas son las personas que hablan y hablan sin parar quejándose de lo mal que está todo, y muchas de ellas, con niños y niñas a su alrededor ignoran que están creando la sociedad del mañana.

Los adultos tenemos la responsabilidad de ser modelo y ejemplo para los niños y niñas de nuestro alrededor, pues todo lo que queramos cambiar en una sociedad, tenemos que hacerlo a través de las futuras generaciones.

lo-que-se-le-de-a-los-ninosA raíz de esta afirmación del profesor Mora, me viene a la cabeza una de mis citas favoritas: “lo que se les dé a los niños, los niños darán a la sociedad”. Cada mañana, cuando me pongo delante de los niños y niñas, tengo muy en cuenta cada uno de mis movimientos, palabras y expresiones… y desde que lo hago (en principio por ellos) estoy tomando conciencia de cuánto estoy creciendo gracias a ellos y a ellas. ¡Estemos dispuestos a seguir aprendiendo, a crecer, a evolucionar…! Cada día es una nueva oportunidad para hacer las cosas mejor.

  • “La emoción es la energía que mueve el mundo”.

Tras leer el párrafo anterior, probablemente te estés diciendo que es un esfuerzo enorme, que es imposible hacer eso cada día, que tienes tus problemas, tus pensamientos, tu forma de ser… pues yo te digo ¡haber elegido otra profesión!

Ser docente es quizá uno de los trabajos más difíciles del mundo, pero también uno de los más gratificantes. Yo he trabajado muchísimo en aprender a gestionar mis emociones, en superar creencias limitantes y crear nuevas formas de pensamiento. Creo que todos y todas podemos hacerlo.

El doctor Mora nos hablaba de cómo la emoción y la cognición son inseparables., y de cómo el aprendizaje está estrechamente ligado a la emoción. “Lo que se aprende alegremente se recuerda toda la vida; lo que aprendemos con dolor, tendemos a olvidarlo”. Por eso, como veremos más adelante, es muy importante respetar los tiempos de madurez de cada niño y niña, permitiendo que vayan construyendo sus conocimientos en función a su desarrollo.

A veces nos preguntamos el por qué de los comportamientos de los niños de segundo, o de sexto, o de secundaria. Y nunca nos hemos planteado que muchos de esos conflictos pueden estar gestados a la más temprana edad, porque se les obligó a adquirir contenidos inadecuados para su edad antes que enseñarles perceptos y valores.

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  • “¿Hay que educar a la adolescencia? No, hay que educar a esos adolescentes cuando tienen 3 años. Los valores se educan desde pequeños.”

Siempre he creído que hay que construir desde los cimientos, y en nuestro caso, a la hora de enseñar, los cimientos son las personas. Cuando un niño o niña llega a un colegio o a una escuela infantil, hay que trasmitirle valores por encima de cualquier otra cosa. “La puntualidad, el respeto, el autocontrol, el control de la impulsividad en el lenguaje, la igualdad (darnos unos a otros el mismo trato, desde el respeto, sabiendo que todos y todas somos desiguales), la dignidad, la justicia, la belleza… son valores que empiezan a tomar forma alrededor de los 3 años”.

Si en ese momento en el que el cerebro está maleable, y hay que empezar a trasmitir esos valores sociales, se imponen una serie de conceptos para los que el niño o la niña no están preparados, probablemente en el futuro hagamos frente a serios problemas de aprendizaje y/o de conducta.

Por otro lado, tienen que aprender antes el percepto que el concepto. “Si no construyes bien los perceptos, no puedes construir bien los conceptos”. Y de esto estoy completamente segura, pues lo estamos experimentando cada día en clase de matemáticas. Que un niño sepa contar no implica que conozca el concepto de número, y que sepa sumar tampoco garantiza que entienda el concepto de suma.

Cuanto antes nos enteremos de cómo funciona el cerebro, mejores respuestas seremos capaces de ofrecer a nuestros alumnos y alumnas.

  • “Dejad que los niños jueguen en casa. No a los deberes escolares.”

Este no es un artículo para debatir sobre la eficiencia o no de las tareas escolares, sin embargo esta frase apareció en la ponencia así, de forma literal.

“El juego en un niño o niña es esencial.” Hasta los 12 años, se puede aprender jugando. Las tardes deben ocuparlas en jugar, pues el juego desarrolla numerosas habilidades que les permitirán adquirir los contenidos que necesiten en el momento idóneo para ello.

  • “No deben tener acceso a pantallas (tabletas, móviles, ordenadores) hasta al menos los 4 años.”

Este es un punto que me interesa muchísimo, ya que trabajo en un centro con un proyecto de aprendizaje a través de dispositivos. Yo creo en la tecnología, al igual que creo en la enseñanza bilingüe (los niños y niñas bilingües y trilingües desarrollan más el cerebro); pero me preocupa el que se pierda de vista que ambas son una herramienta y no un objetivo en sí mismas.

El uso de pantallas interfiere en la creación del pensamiento y conexiones neuronales. Además impide construir bien el autocontrol. Se ha demostrado que los niños y niñas que pasan muchas horas ante una pantalla pierden la empatía.

Por ello es sumamente importante que en todos los centros que empezamos a trabajar con pantallas tengamos programas de educación emocional, que se cuide la trasmisión de valores desde edades muy tempranas, y se trabajen estrategias de grupo.

Creo que es posible llegar a un equilibrio entre el avance tecnológico y la responsabilidad social. Por ello, debemos hacer y trasmitir dentro del entorno educativo un uso adecuado y seguro de las tecnologías, pues nos brindan un mundo que hace unos años era inimaginable, pero que también (si no se sabe lo que se hace y para qué se hace) pueden tener consecuencias graves en el desarrollo de nuestros alumnos y alumnas.

¿Tienes alguna experiencia que quieras compartir? Me encantaría conocer tu opinión sobre este tema.