Este artículo lleva meses rodando en mi cabeza, esperando el momento oportuno o quizá, esperando que cada idea se coloque en su lugar para evitar malos entendidos.

Antes de seguir leyendo, me gustaría que tengas en cuenta los siguientes avisos:

  • Si crees que el problema de la educación son los maestros y maestras, deja de leer.
  • Si crees que el problema de la educación son los padres y madres, deja de leer.
  • Si crees que el problema de la educación son las leyes y las medidas del Gobierno, deja de leer.

Vivimos en un mundo en el que la gente hace eco a las noticias, a los vídeos, a las imágenes sin ni siquiera plantearse cuál es el mensaje que están transmitiendo, reproduciendo y amplificando. Y yo te pregunto ¿A qué queremos dar voz?

Porque poca gente ha escrito o se ha dado cuenta de lo que vienen haciendo los medios de comunicación y algunos docentes y familias en los últimos tiempos, que es intentar abrir una gran brecha, y poner un muro alto entre lo que debe hacer la escuela y lo que debe hacer la familia; entre lo que es culpa de unos y lo que es culpa de otros… y en el medio de ese muro (o más bien incrustados en él) aparecen niños y niñas, adolescentes sin rumbo que han tenido la desgracia de crecer en un mundo que ni les entiende, ni les escucha, ni es capaz de reaccionar ante sus necesidades.

Soplan vientos de cambio…

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La sociedad, el mundo, las personas (y los niños y niñas entran en esta última categoría) han cambiado mucho en los últimos años. En apenas 100 años se ha pasado de los mensajeros a caballo a las conversaciones vía videoconferencia de lado a lado del planeta. El mundo va más deprisa de lo que somos capaces de asimilar. Los niños y niñas nacen en una sociedad digital en la que la mayoría de sus adultos aún no han adquirido competencia suficiente en esa materia como para guiarles a través de ella y protegerles de los riesgos que conlleva.

¿Y qué hace la escuela? Intentar dar más contenidos, y más contenidos y más contenidos… creyendo que corriendo se llega antes, perdiendo el rumbo del aprendizaje y sobre todo, perdiendo de vista las necesidades de niños y niñas, y de su desarrollo evolutivo.

Queremos que la sociedad cambie y nos dedicamos a tirarnos piedras a la cabeza en algo tan básico para una especie como es el proceso de enseñanza-aprendizaje. “La escuela está para enseñar idiomas, ciencias y matemáticas” dicen algunos docentes “La educación se enseña en casa”. Entonces contestan los padres “si usted quiere que mi hijo vaya educado a la escuela, las tareas escolares que las haga con usted”. Y sin entrar en el tema deberes (del que ya hablaré en otra entrada) se puede ver claramente que entre el voy y vengo, el correveidile y todos los manifiestos sinsentido que pueblan la red, el niño y la niña van creciendo en tierra de nadie, para rebelarse en una adolescencia en la que todos se preguntarán: “¿qué podemos hacer con estos adolescentes?” cuando la respuesta, como dije en mi anterior entrada, está muy clara: hay que hacerlo cuando tienen 3 años, 4, 5, 6, 7…

¿Cuánto tienen que saber los docentes?

Pues cada vez más, pero de otra manera. Como venía diciendo, hay que educar a los niños y niñas, acompañarles en su camino, en su proceso, en la vida. Hay que educar en casa y en la escuela, y si es posible, hacerlo de la mano y en la misma dirección. Hay que enseñarles que a veces estamos en desacuerdo, pero que el diálogo nos ayuda a acercar posturas y a decidir qué es lo mejor.

En estos últimos días, aparte de que me ha llegado desde varias fuentes una vez más lo de “los niños tienen que venir educados de casa”, he leído también que se está negociando que la prueba de cultura general de las oposiciones sea más fácil para los maestros y maestras de infantil, ya que no imparten esos contenidos. ¿Hablamos en serio?

Volvemos, una vez más, a los contenidos. Y discúlpame, pero es que falta profesionalidad en algunos docentes. Si todo lo que hay que hacer en la clase es seguir un libro o explicar una ficha, cualquier persona que haya cursado estudios primarios puede hacerlo. Así que docentes, temblad, porque vuestro puesto puede ser ocupado por cualquiera.

¿Por qué no se plantean en las oposiciones hacer un psicotécnico, valorar la capacidad para gestionar personas, los conocimientos de neurociencia o psicología evolutiva? Para ser docente, una de las cualidades principales debería ser: ser buena persona, buen ciudadano o ciudadana, y buen alumno o alumna. El docente ha de estar dispuesto a aprender toda la vida, porque hay estudios de la ciencia, de la medicina, de la tencología, de la psicología… que aplicados a la educación, nos ayudarán a crear la escuela del futuro.

Otra cualidad de los docentes, debería ser la escucha activa. Los niños y niñas necesitan expresarse, y desde su mundo podemos irles mostrando el nuestro, pero nunca al revés, porque ese sinsentido tendría muchas consecuencias negativas en el futuro de la sociedad.

Además, hemos de estar muy formados en el desarrollo neurológico, biológico y psicológico de niños y niñas, para poder estar atentos a su evolución en todos los aspectos, y poder prevenir la mayoría de las dificultades de aprendizaje que atestan las escuelas.

Seguro que se te van ocurriendo un sinfín de ideas sobre las cualidades de un buen docente, y me encantaría que las compartieras en los comentarios. Para mí, aparte de las ya comentadas, es ser una buena guía y mediadora. Hemos de recibir a las familias en la escuela, acompañarles en los procesos, mostrarles nuestros conocimientos y guiarles en su andadura escolar. Crecer juntos, ser modelo para esos niños y niñas que ven en nosotros  a su “yo adulto”.

Por favor, si eres docente, madre, padre, o ciudadano, piensa antes de compartir los mensajes y vídeos virales, pues como dijo Savater: “aunque fuese solo por egoísmo, la educación debería preocuparnos a todos”. Esos niños y niñas que hoy ves en los parques, mañana serán nuestros dirigentes, jefas, camareros, carteras, etc.

¡¡Cuidemos de ell@s!!

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