Afortunadamente, cada vez hay más gente hablando de Educación, con lo bueno y lo malo que ese hecho conlleva. Si cada semana en televisión, programas con grandes audiencias eligen como tema estrella la educación, es porque algo se está moviendo.

Quiero confesarte que me encanta que estemos en este punto, y que aún no he decidido si me horroriza o me divierte todo el debate que surge los días posteriores en las redes sociales.

Estas últimas semanas ha estado en la parrilla Eva Hache, y sus afirmaciones sobre los deberes y la familia. Trolls y supuestos especialistas en educación afilan las espadas y preparan sus flechas para enfrentarse en un combate sin sentido. Pues ningún sentido tiene hablar de educación a la ligera, sin entender lo que hay detrás de cada afirmación (o sin querer entenderlo).

Una vez más las redes sociales enfrentan maestros y familias (los que se dejan, claro) con el tema de los deberes escolares, y sobre cuánto tiene que decir una madre ante la figura de un maestro, o qué le puede enseñar una madre sobre dar clase a un catedrático de matemáticas, etc.

Pues una vez más, voy a apelar al sentido común; y a la voz de la experiencia.

Los deberes no son el quid de la cuestión.

Voy a dejar a un lado mi crítica al programa del que surgen estas afirmaciones, para centrarme en lo que parece haber provocado este malestar en algunos maestros y familias. ¿De verdad es tan abominable que una familia quiera decidir qué hacer en el tiempo libre que comparten con sus hijos e hijas? ¿O es tan horrible si hay tareas o no?

Vamos a analizar poco a poco el tema, para intentar encontrar por qué crea tanto malestar a unos y otras. Si vamos al diccionario de la RAE, éste tiene tres definiciones posibles, para la palabra  deber:

  1. Aquello a que está obligado el hombre por los preceptos religiosos o por las leyes naturales o positivas. El deber del cristiano, del hombre, del ciudadano.
  2. Deuda.
  3. Ejercicio que, como complemento de lo aprendido en clase, se encarga, para hacerlos fuera de ella, al alumno en los primeros grados de enseñanza.

deberesUna vez claro que hablamos de esta tercera concepción de la palabra, yo me pregunto si realmente son tan importantes los deberes. Si una familia ha decidido llevar a su hijo o hija a una escuela con una metodología tradicional, probablemente llevará bastantes deberes que realizar en casa, porque su maestra hace una explicación magistral (la que toca según el libro de texto) y los ejercicios que no dan tiempo, los acaban en casa. En cambio, si ha optado por un centro con una metodología más abierta o innovadora, es probable que los niños y niñas tengan que investigar sobre algo que están haciendo en el cole. Creo que eso también entra en la definición de deberes. Y si se trabaja de forma adecuada, es muy probable que ellos te pidan más y más, y quieran investigar más cosas en casa y hacer experimentos, y todo eso son complementos a lo aprendido en clase, o sea, deberes.

El debate viene, probablemente, de que la mayoría de las personas no se plantearon qué tipo de centro elegir para sus hijos e hijas (total, un colegio es un colegio), y de que muchos no se han parado a pensar el porqué y para qué de las cosas (siempre ha sido así). Voy a intentar poner un poquito de luz en tan encendido debate.

Lo importante aquí son dos cosas: el tiempo en familia, y el aprendizaje. Como adultos, seamos padres, madres, maestros o maestras, debemos llegar en algún momento a interiorizar que la vida en sí misma es fuente de aprendizaje para los niños y niñas. No se le pueden poner  puertas, ventanas u horarios. Cuanto más alineada esté la idea de educación que tienen las familias con la idea de educación que tiene un centro educativo, mayor será la evolución en el desarrollo del niño o niña, pues todos los adultos a su alrededor velan por su seguridad, su integridad, y su educación.

El problema no son los deberes, somos los adultos… Hace tiempo que hemos perdido el rumbo en materias educativas, y lo que está de moda es enfadarse y ponerse a defender una u otra postura sin atisbo de reflexión profunda. “Y mientras tanto, la casa sin barrer”, en este caso miles de niños y niñas que sufren en sí mismos cada día la dura tarea de conciliar “lo que dice mi profe” con “lo que dice mi mamá/papá”.

Como maestra, siempre he buscado un acercamiento sincero con las familias, pues creo que tienen mucho que decir en lo que a la educación de sus hijos respecta. Como profesionales, hemos de escucharles activamente, acompañarles en sus preocupaciones, y compartir con ellas nuestros conocimientos técnicos para llegar a un buen punto de encuentro, el más óptimo posible  para los niños y niñas.

El 20 de noviembre de 1959, se aprobó la Declaración de los Derechos del Niño por todos los Estados miembros de la ONU. A continuación voy a escribir íntegramente el Principio 7, por considerar que pone un toque de cordura a este debate.

“ El niño tiene derecho a recibir educación, que será gratuita y obligatoria por lo menos en las etapas elementales. Se le dará una educación que favorezca su cultura general y le permita, en condiciones de igualdad de oportunidades, desarrollar sus aptitudes y su juicio individual, su sentido de responsabilidad moral y social, y llegar a ser un miembro útil de la sociedad. El interés superior del niño debe ser el principio rector de quienes tienen la responsabilidad de su educación y orientación; dicha responsabilidad incumbe, en primer término, a sus padres. El niño debe disfrutar plenamente de juegos y recreaciones, los cuales deben estar orientados a los fines perseguidos por la educación; la sociedad y las autoridades públicas se esforzarán por promover el goce de este derecho”.

vida

La educación se produce en la vida, no empieza en casa y termina en la escuela, o empieza en la escuela y termina en casa. Si cada día para llevar a tus hijos e hijas al colegio, aparcas en doble fila, les estás enseñando que uno puede saltarse las normas “cuando le interesa”. Si como maestro les contestas “porque lo digo yo” les estás enseñando que vale más tener poder que tener razón. Si pasas tu día a día criticando a los demás, sin poner atención a los cambios que puedes crear tú misma, les estás trasmitiendo que no merece la pena luchar por sus sueños porque “la culpa” de todo siempre es de los otros, y nada se puede hacer para cambiarlo.

La vida es aprendizaje, y el aprendizaje da vida. Como vengo diciendo desde los post anteriores, y creo que seguiré defendiendo en el futuro, lo importante son los valores… ¿Quién hay tras el libro de texto? ¿Qué hay más allá de los deberes?

Yo he visto cómo brillan sus ojos ante algo que no saben y quieren descubrir, les he visto llorar cuando un compañero les insulta o cuando se sienten humillados, me he reído con ellos y con ellas, me regalan abrazos y sonrisas cada día… Sé que están aprendiendo, porque están vivos, tienen ilusión, son felices, y están continuamente en movimiento…  Son niños y niñas, y nuestro deber es protegerles. ¡No lo olvidemos nunca, por favor!