En las últimas semanas he sido testigo y parte en muchas conversaciones en las que se ha conjugado de mil y una formas el verbo decir: “es que ella me dijo”, “tú no has dicho eso”, “estás diciendo que”, y un largo etcétera.

Quizá por primera vez en mi vida he asociado este trajín de pasillo de los adultos, a muchos comportamientos de los niños y niñas, tanto en el aula como en sus tiempos de ocio: “me ha llamado —“, “me ha dicho que soy…”, y otro largo etcétera.

Siguiendo la premisa de que muchas veces vale más tener paz que tener la razón, he sido testigo silenciosa de muchas conversaciones en las que se hacía alusión a otras anteriores que no fueron tal y como se relata (mi memoria auditiva me permitiría reproducir la mayoría de ellas palabra a palabra).

Tenerpaz

Como, tras mis primeros pasos en  la PNL, creo firmemente que la intención de las personas siempre tiene un fin positivo (aunque sea solo para ellas), suelo estar lejos del pensamiento de que “quieran engañarme” o “estén malmetiendo”. Así que, tras una observación profunda de diferentes personas en el ámbito educativo, me atrevo a afirmar que la mayoría de malos entendidos, enfados, peleas, acusaciones y demás, se gestan en un claro problema de comunicación.

Habilidades comunicativas entre adultos.

A veces tengo la sensación de venir de otro planeta. Pero la mayor parte del tiempo, en que consigo “estar en mi centro” y poner a funcionar las técnicas que conozco, puedo llegar a comunicarme, de forma respetuosa y eficaz, con las personas que tengo alrededor.

Además, últimamente me he dado cuenta de que, dentro de mi plan de ahorro de energía vital, cada vez evito más las conversaciones banales que me cuestan mucho y me aportan poco.

Para establecer una comunicación eficaz, debemos prestar mucha atención a nuestro interlocutor, intentando averiguar su canal de comunicación preferente, o al menos, teniendo una visión global de su estilo comunicativo. Aquí te dejo un artículo que te puede dar alguna pista al respecto, si no sabes de qué te estoy hablando.

Hay personas que necesitan que les hablemos despacio y de una forma ordenada, sin mezclar conceptos; sin embargo otras se aburrirían con este tipo de exposición, ya que su cabeza lee con imágenes y van mucho más rápido que las primeras. Cuando eres capaz de hablar a cada uno en su idioma, la comunicación es más fluida y eficaz.

Por otro lado, hay algunas pautas que podemos seguir para mejorar nuestro estilo comunicativo:

  • Empatizar con nuestro interlocutor: hacernos conscientes de su estado de ánimo (cansancio, felicidad, tristeza), de sus movimientos corporales y de la expresión de su rostro, facilitarán que las palabras que utilicemos sean las más correctas. (Hace poco, en un momento de ira, alguien me habló de compañerismo… ahora, cada vez que pienso en esa palabra, siento aquel enfado… hemos de cuidar mucho nuestras palabras, que pueden llevar a este tipo de anclajes no deseados).
  • Utilizar un lenguaje claro y asequible para nuestro interlocutor: debes ser capaz de cambiar tu vocabulario, e incluso tu entonación, en función a la persona que tienes delante. Si te adaptas a su entorno, nivel cognitivo, y vocabulario, sentirás que la comunicación es más fluida.
  • Poner en marcha la escucha activa: se dice que hay dos tipos de personas, las que escuchan para entender y las que escuchan para contestar. Yo, desde mi humilde punto de vista, les definiría como personas comprensivas y personas reactivas. Debemos dar la oportunidad al otro para que pueda explicarnos, y escucharle sin juicios, sin interpretaciones, sin expectativas. (En una conversación incómoda que tuve recientemente, me decían “es que estás diciendo…” y mis palabras ni habían sido esas, ni parecidas. Esa conversación me hizo reflexionar mucho sobre la comunicación).
  • Honestidad: aunque éste no sea un elemento comunicativo en sí mismo, es para mí un elemento clave a la hora de comunicar. Se puede comunicar sin ser honesto, pero quiénes tienen conocimientos sobre cómo leer tu rostro (microexpresiones inconscientes) o tus movimientos corporales, sabrán que intentas engañarles. Además, siempre se llega más lejos en las comunicaciones y en la vida con honestidad y humildad (en el estilo de vida que yo defiendo).

comunicacioneficazY lo que he dado por hecho, que veremos que es lo primero que asumimos en nuestra comunicación con los niños y niñas, es que antes de empezar la conversación (hablo siempre del entorno educativo) ya sabemos qué es lo que queremos transmitir, qué estamos dispuestas a ofrecer, y cuáles son nuestras necesidades en ese momento. Ser conscientes de nuestro punto de partida nos hará entender mejor el proceso comunicativo, y ser capaces de poner nuestras mejores habilidades para que esa conversación trascurra con normalidad y la comunicación sea exitosa.

Cómo hablarles a los niños y niñas para que entiendan lo que queremos decirles.

Los niños y niñas son nuestros más fieles y crueles espejos. Reproducen fielmente todo lo que observan a su alrededor. Cuántos padres y madres han visto en sus hijos e hijas algo que no les gusta, y que les ha hecho conscientes de un cambio necesario en sus vidas.

En los niños y niñas vemos claramente un reflejo de los adultos. Cuando en el patio del colegio la tónica general es “me está diciendo” “es que me está llamando”, y alusiones de ese estilo, me está dando a entender que los maestros y maestras, en sus clases, usan ese tipo de conductas, apelando a alumnos y alumnas de forma individual y en voz alta frente al resto de la clase. Es muy posible también que haya “premios y castigos” a las conductas de unas y otros, por lo que se busca constantemente esa intervención de los adultos también en los tiempos de ocio.

Pero el patio y sus rencillas dan para otro artículo, así que voy a seguir hablándote de comunicación. Hace poco, en la clase de música que doy a 3 años, le tocaba a un niño ser encargado, y por lo tanto era mi ayudante ese día. Cuando le ofrecí una bandeja con instrumentos y le pedí que repartiese, el niño se quedó parado. He visto cómo algunas maestras en ese punto le dirían: “es que no prestas atención””nunca te enteras de nada” “estás en las nubes” “no haces caso”. Yo busqué en unos segundos la respuesta en mi cabeza, y afortunadamente vino la luz… me puse a su altura y le pregunté: ¿sabes qué es repartir? El niño siguió mirándome en silencio. Entonces, le expliqué con paciencia: repartir es darle una cosa, aquí un instrumento, a cada niño y niña de la clase. Y el niño, con una sonrisa, empezó a repartir los instrumentos.

Aunque parezca mentira, se me llenaron los ojos de lágrimas. Damos por hecho que todos los niños y niñas nos entienden, sin prestar atención al estilo educativo de sus familias. Por desgracia, aún hay niños y niñas que crecen en un entorno donde no se les habla nada, ni se les incluyen en las conversaciones.

Por tanto, desde la escuela, deberíamos tener en cuenta estas premisas:

  • Hablarles mucho, y con respeto. Aunque no lo parezca, cada cosa que decimos cala en ellos y ellas, y en algún momento nos sorprenderán con alguna intervención que hagan.
  • Si deseamos que hagan algo, debemos dar consignas sencillas, concretas y de una en una. A veces, como maestros y maestras, nos enfrascamos en explicaciones eternas, y cuando llegamos al final, ya han olvidado lo que tenían que hacer al principio. Ir despacio, paso a paso, sin prisas, facilitará el trabajo y, aunque te parezca extraño, lo harán mejor y más rápido.
  • Utilizar un lenguaje sencillo, pero real. Si nos piden el nombre de algo que es complicado, debemos darles el nombre que es. Lo contrario podría tener consecuencias en el futuro. Es necesario hablarles con propiedad, ya que esto contribuirá a fomentar y ampliar su vocabulario.
  • Respetar los turnos en una conversación. Son pequeños, pero son personas. Si queremos que aprendan a dialogar, debe existir un diálogo.

Y sobre todo, mucha paciencia, y evitar “darlo todo por hecho”. Que la mayoría de los niños y niñas conozcan algo, nunca implica que lo conozcan todos. Antes de prejuzgar, debemos observar y comunicarnos. Ellos y ellas lo agradecerán mucho.

Si tienes aportaciones, sugerencias, o alguna anécdota curiosa que compartir, te agradezco tus comentarios.