Tras muchos años de docencia en centros con características muy diversas; tras muchas jornadas de variadas temáticas, organizadas por diferentes colectivos; tras mis dos años de excedencia fuera de la escuela pública; seguía rondando en mi cabeza una idea que empezaba a gestarse en mis primeros años como maestra.

La comunicación con las familias, la confianza que éstas depositaban en mí, el diálogo y el respeto que establecíamos, era esencial para la evolución satisfactoria de todos los alumnos y alumnas. Pero, seguramente como te ha pasado más de una vez, surgían muchas dudas:

  • ¿Cómo puedo llegar a comunicarme con todas si solo dispongo de una hora a la semana para atención a familias?
  • ¿Cómo puedo trabajar con ellas las “relaciones entre iguales” sin transgredir la privacidad de los menores y sus familias?
  • ¿Cómo puedo establecer un diálogo entre ellas si apenas coinciden en espacio y tiempo, más allá de las que son amigas o vecinas?

Éstas y otras preguntas fueron estableciéndose en mi cabeza, dando lugar a una idea que parecía lejana, pero se me antojaba posible: la creación de un espacio para familias de la misma clase, donde se pudiera establecer un diálogo abierto sobre pedagogía, metodologías, disciplina positiva, dudas, preocupaciones, anécdotas…

Este año, al incorporarme de nuevo a la escuela, propuse mi idea al equipo directivo de mi actual centro. Gracias a su apoyo, pude poner en marcha lo que llamamos “grupo de familias”, momento/espacio en el que se invita a las familias al centro educativo para conocernos e ir resolviendo las dudas, preocupaciones y conflictos que pueden ir surgiendo en el día a día del trabajo con metodologías activas. Además, creo que está siendo un proceso de crecimiento para todas y todos los que formamos parte de esta experiencia, pues siempre nos quedamos con ganas de más y el tiempo se nos hace corto.

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¿Cómo se inicia el camino?

Aún recuerdo el primer encuentro, cargado de nervios e incertidumbre por ambas partes. Nos facilitaron esta primera toma de contacto el director y la jefa de estudios del cole, ya que ambos conocían tanto a las familias como a mí, y ésto hizo posible que el clima fuese distendido y de confianza.

Al igual que no podemos empezar un curso escolar con el alumnado dando temario, jamás deberíamos empezar un grupo de familias lleno de contenidos, si queremos llegar a buen puerto.

Tanto en el aula, como en las conversaciones con las familias, debe primar el “quiénes somos” por encima de cualquier otra cosa, pues las relaciones, la confianza, el afecto, parten del “ser emocional”, y desde ahí podemos empezar a construir un camino que nos sirva a todas y a todos.

En ese primer encuentro, mi única expectativa era conocernos, y empezar también a crear un grupo de familias consciente del proceso en el que estamos inmersos en la escuela, implicados en un tipo de metodología diferente, y sobre todo, conscientes de la diversidad de ellas mismas y de sus hijos e hijas.

Y empezamos conociéndonos, e intentando vislumbrar si los valores de la escuela están alineados o no con los de la familia; si caminamos en la misma dirección; si entre todas y todos podemos aunar nuestros esfuerzos por el bien de los niños y niñas.

Cuando llegas nueva a un centro educativo, hay muchos padres y madres que te buscan en internet, redes sociales y piden referencias sobre tí… A mí siempre me ha parecido buena esta indagación, ya que muestra la preocupación de las familias y su implicación en el proceso de aprendizaje de sus hijos e hijas. Les interesa y les importa quiénes somos, cuál es nuestra escala de valores, cuál es nuestra historia… Somos personas, y en función de quiénes seamos, así será nuestro estilo en el aula. Por eso, cuando algún compañero o alguna alumna de prácticas me preguntan cómo pueden mejorar en ésto o aquéllo, casi siempre mi recomendación gira en torno al “trabaja en tí”. Cuanto más en paz estás contigo misma, cuánto más claros tienes cuáles son tus principios y valores, cuánto más has reflexionado sobre el por qué y para qué de las cosas, mejor funcionan las clases, los alumnos, la vida…

Por otro lado, al igual que las familias buscan a los maestros y maestras, a veces los y las docentes “encasillamos” a las familias, sin dar opción a conocerles más profundamente. Sin embargo, hemos de tener claro que cada familia es única y especial, y todas ellas merecen nuestro respeto, y sobre todo, todas ellas merecen que les acompañemos en el camino de la educación de sus hijos. Debemos hacer un pequeño esfuerzo para establecer un diálogo respetuoso y cordial que se verá reflejado en el día a día del aula.

Aquel primer encuentro de familias me constató, una vez más, que es necesario ponernos cara y nombre, pues muchas de ellas no se conocían entre sí a pesar de que sus hijos e hijas estaban en la misma clase desde el año pasado. Se creó un clima cordial de respeto, que dura hasta el día de hoy, y que espero se siga manteniendo a lo largo de los años.

Temas, duración y periodicidad de los encuentros.

Respecto al qué, cómo y cuándo de los encuentros de familias, habrá tantas posibilidades como centros educativos existen. Hemos de ser flexibles, ya que este tipo de iniciativas han de responder a la necesidad de cada centro, y a las características de las familias y docentes que lo integran.

Debemos pensar que tiene que tener una periodicidad adecuada al tipo de trabajo que realizamos, así como dar la posibilidad de que la mayoría de las familias puedan unirse al mismo, y sea posible materialmente hablando.

En mi caso elegí hacerlo los viernes por la tarde, ya que la mayoría de las familias de mis alumnos y alumnas trabajan, y los viernes suelen tener jornada reducida. Hacemos dos reuniones por trimestre, para mantener la ilusión del grupo (que haciéndolos demasiado seguidos puede llegar a perderse).

Los temas que hemos planteado para los grupos de familia, en este caso, están encaminados por un lado, a la gestión de las emociones y la disciplina positiva, porque es necesario tener muy clara la importancia del respeto al niño y a la niña en nuestra metodología educativa; y por otro lado, a cómo pueden contribuir desde casa a la mejora de los aprendizajes (ya que la mayoría de las familias vienen de una educación tradicional).

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Es maravilloso cuando podemos abrir el grupo a personas de otros centros, e incluso de otros entornos, para que compartan sus experiencias. En nuestro último encuentro, contamos con la presencia de dos maestras de infantil: Carmen Moya, del CEIP Virgen de la Granja; y Mayte Rodríguez, del CEIP Virgen de la Paz y creadora del blog Soñando un mundo Ubuntu. Nos contaron cómo los niños y niñas construyen los aprendizajes durante los 3, 4 y 5 años, y desde ahí vimos cómo recogíamos esos aprendizaje en Educación Primaria para el trabajo por proyectos. ¡Gracias a las dos, por poner una nota de frescura y calidad a nuestros encuentros!

Para terminar este post, solo me queda agradecer a todas y cada una de las familias de los niños y niñas de mi tutoría, por vuestro apoyo, por ser cómo sois, por estar siempre dispuestas al diálogo. Este año está siendo un año de crecimiento y grandes aprendizajes y eso está siendo posible, en gran parte, gracias a todas vosotras.

¡Esto funciona! Cada día, en la clase, en esos momentos mágicos que comparto con mis alumnos y alumnas, soy consciente de que mucho de lo que se vive en el aula, es gracias a todo el trabajo que realizamos fuera de ella.

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