Este post llega con unos días de retraso, pues saltándome mi programación prevista, voy a hacer un inciso para cultivar el refrán del título: “es de bien nacida, ser agradecida”. Y sin hacer mucho caso a la primera parte de la frase, hoy quiero compartir contigo la gratitud que siento por este curso escolar, por haber formado parte de una Comunidad Educativa que me ha hecho crecer y aprender superando todas mis expectativas.

¡Gracias, familias!

El pasado viernes tuvimos nuestro último encuentro de familias. En esta ocasión, invitamos a los niños y niñas de la clase, para compartir esta última sesión con sus mamás y/o papás.

Fue una sesión tan mágica que apenas encuentro las palabras para describir lo que allí se vivió. Fui testigo del acompañamiento respetuoso, de la complicidad, del cariño, de los juegos, de las sonrisas. Ví a adultos conectando con sus niños y niñas interiores, y por tanto, conectando con sus hijos y con sus hijas. Sin duda, uno de los momentos más emotivos que he vivido a lo largo de mi carrera.

En el momento de compartir, hablaron algunas niñas, y también algún papá y alguna mamá. Una de las niñas dijo que era el día más feliz de su vida. Las mamás reconocieron la alegría de esos niños y niñas que se sintieron especiales durante una hora y media, porque tenían a sus progenitores dedicados exclusivamente a ellos y a ellas. Se habló también del proceso que hemos vivido durante este curso, de los aprendizajes, del crecimiento, del cambio en su visión de la educación.

Esa emoción que me traje conmigo de una sesión tan bonita, ha ido creciendo en estos días de descuento, donde los días restan tiempo compartido, y la partida se hace más cercana. Ha ido creciendo en mí un sentimiento de gratitud infinita hacia esas 26 familias que, día a día, me han dejado formar parte de su vida a través de sus hijos e hijas; que han confiado en mí, y me han hecho sentir especial; que han establecido un vínculo respetuoso y cordial y con las que hemos demostrado eso que creo desde hace tiempo: cuando la familia y la escuela caminan de la mano, los resultados superan cualquier expectativa.

A veces, en clase, observo en silencio a los niños y niñas de mi aula; observo cómo han crecido, cómo han aprendido, cómo se relacionan, cómo se respetan; y siento que el trabajo en equipo ha funcionado… ¡Gracias!

Durante todo el curso también he recibido numerosos correos de familias de alumnos y alumnas de otros cursos y de otros grupos, agradeciendo mis clases de música, mi forma de trabajar, mi forma de comunicarme… Cada uno de esos correos ha sido un impulso para seguir creyendo en una educación respetuosa; me han dado fuerza y energía para crear cosas bonitas; me han hecho sonreír en los momentos difíciles… ¡Gracias!

Mi gran descubrimiento de este año ha sido que siempre se puede elegir sumar, pase lo que pase alrededor.

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¡Gracias, compañeros y compañeras!

Sigo creyendo que cada persona que llega a nuestra vida, tiene algo que enseñarnos, o nosotras tenemos algo que aprender de ellas. Por ello, desde esta página, y este pequeño espacio, quiero agradecer a todas las personas que trabajan en el cole su acompañamiento en este curso.

Hemos llorado alguna vez, pero nos hemos reído a carcajadas. Hemos crecido a lo largo del camino, aprendiendo a entendernos y a darnos los tiempos que necesitamos. Al igual que un puzzle con muchas fichas, las piezas han ido encajando poco a poco hasta llegar a formar un paisaje enriquecedor.

He tenido la suerte de tener a esas “primeras del cole”: gracias por recibirme con el agua preparada para mi té y con una sonrisa cada mañana. He sido testigo de muchas primeras horas, y algunos viernes hemos cerrado… Eso no hubiera sido posible sin esas personas que llegan antes que nadie para abrirnos, y los que con paciencia han esperado a que acabe mis grupos de familia por las tardes.

Ha sido un año especial, diferente, intenso. Hoy desde aquí (ya te he dicho que es un post muy personal) quiero también dar las gracias a una gran profesional y gran amiga. Marta, sin tenerte a mi lado, nada habría sido igual. Gracias por los abrazos, las ironías, las risas… por dejar pasar el tiempo sin hacer nada; por la complicidad de los pasillos y las clases; por compartir mi visión de la educación y mantenerte a mi lado en eso; gracias por este año.

Y he dejado para el final a ellos, a ellas, a las personitas que han hecho más dulce mi vida este año…

¡Gracias, pequeños maestros y maestras!

Llegué nueva al cole en septiembre y, en apenas un mes, me hicieron sentir especial diciendo mi nombre por los pasillos, regalándome abrazos y sonrisas.

Hemos compartido miedos, aventuras, diversión, risas, descubrimientos, aprendizajes, bailes, canciones, enfados, ilusión… Ellos, ellas, son los que me hacen sentir cada día que tengo el trabajo más maravilloso del mundo. Verles crecer durante nueve meses ha sido una aventura emocionante.

Para cada uno y cada una de vosotros y vosotras, un abrazo largo sin tiempo, porque las palabras se me quedan escasas para transmitir todo lo que siento.

Os deseo una feliz vida, un feliz camino… que la ilusión que hemos compartido durante estos meses, perdure en el tiempo.

Y así, sin etiquetas ni disfraces, a tan solo siete días de que les demos las vacaciones, despido desde la bitácora mi paso por el cole.

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