Cientos de personas pasan por nuestra vida y, aunque algunas nos acompañan a lo largo del camino, son muchas las que eligen caminos diferentes al nuestro.

En las escuelas públicas (por desgracia) sucede esto con mucha más frecuencia de lo que nos gustaría. Maestros y maestras interinas que trabajan solo un curso o unos meses en cada centro, dejando en muchos casos un vacío difícil de llenar. A veces somos nosotras las que hemos elegido el cambio, con un traslado que nos lleva a una nueva ilusión.

Si has vivido cualquiera de estas situaciones, bien a nivel personal, o en la escuela, probablemente coincidas conmigo en que para seguir avanzando hay que ser capaz de decir adiós, y hacerlo de una forma natural, como algo positivo.

 

sonrieporquesucedio

 

Hoy hablando con una amiga me he dado cuenta de la importancia de esa frase tan popular que dice: “para avanzar hay que soltar” o “si quieres que lleguen cosas nuevas a tu vida, has de deshacerte de las viejas”. Y es aquí donde, al igual que venimos diciendo durante todo el curso, hemos de ser ejemplo para nuestros pequeños alumnos y alumnas.

He cambiado de centro muchas veces durante mi carrera, y siempre he hecho dinámicas de despedida, ya que creo que facilitan el paso de curso a los niños y niñas, y dejan espacio para que el nuevo maestro o maestra llegue sin prejuicios ni exigencias previas.

El ego a veces nos habla de la necesidad de ser recordados, y hay quienes incluso se alegran de que se siga hablando de ellos y ellas muchos años después. A este respecto, me gustaría aclarar dos cosas: el amor y el cariño siempre multiplican… los niños y niñas pueden ir sumando recuerdos y sentimientos afectuosos a todos los maestros y maestras que pasamos por sus vidas; y la mejor señal de que todo va bien sería que no nos echen de menos. Hablando hace unos días con una familia, compartía con ellos que si me dejasen pedir un deseo respecto al centro, sería que nadie me echase de menos (profesionalmente hablando) pues ese sería el mejor indicador de que todo va bien. A nivel personal, espero que todos y todas sumemos al corazón un año lleno de recuerdos y aprendizajes memorables, y a muchas de las personas que he encontrado me las llevo a mi nueva vida.

Pero volviendo al aula, es importante que, si sabes ya que el año que viene estarás en otro lugar, hables de ello a tus alumnos y alumnas como algo natural. Es un proceso que vivirán varias veces a lo largo de su vida, y acompañarles en ese proceso les ayudará a que tengan las herramientas necesarias para enfrentarlo en las ocasiones que se presente. Por otro lado, y como he dicho antes, es una muestra de respeto a las personas que vendrán, que no tendrán que enfrentarse desde cero a las preguntas y comentarios de principios de curso… (¿por qué no está Fulanito? ¡Me gustaba más el profe …! Es que no nos dijo que no iba a estar…) A los niños y niñas les da seguridad la anticipación de algunos hechos, sobre todo si hablamos de personas con las que han convivido un año, y que han sido importantes para ellos y ellas. Podemos hacer más sencillo el cambio facilitando el proceso antes de finalizar el curso.

 

soltar

 

Para mí, comienza una nueva vida, y están siendo días de desapego y recuerdos archivados. Una vida que se queda atrás entre cajas de cartón, ropa de invierno, y libros que no pueden acompañarme. Maletas llenas de ilusión, de camino a una isla, a vivir en chanclas, a conectar con el océano y con la tierra, a un gran paso (y un gran sueño) profesional. A solo dos semanas de cerrar una etapa, una casa, una clase, vuelve a hacerse patente la necesidad de soltar, de cerrar, de decir adiós.

Por delante quedan despedidas, profesionales y personales, y horas de tiempo compartido y risas… porque recuerda que hoy puede ser el último día que nos veamos, y no sé qué opinas tú, pero a mí me encantaría que si algún día tienen que recordarme lo hagan con una sonrisa o una carcajada.

¡Feliz semana! ¡Felices despedidas!