La entrada prevista de esta semana era un post sobre la vuelta al cole, cómo recibir a los niños y niñas en el aula, cómo acompañar a las familias para que sientan la acogida, etc. Sin embargo, los acontecimientos me han hecho decantarme por este tema, ya que creo que será una gran ayuda para todas las personas que tengan que vivir este proceso en el ámbito escolar.

El lunes, cuando llegué al cole, me encontré con muchos de mis compañeros y compañeras llorando… había muerto un maestro muy querido en el centro. Según ha avanzado la semana, y como suele pasar en estos casos, he sido testigo del proceso de duelo (y del dolor) de compañeros y compañeras, familias, niños y niñas que se acercaban a dejar cartitas y flores, que escribían canciones para él, que querían despedirse…

He tenido la suerte de presenciar una gestión impecable de una situación emocional crítica… se ha dado espacio y tiempo para que las personas acompañen y se recompongan, y se ha pedido asesoramiento profesional. Ya sabes que la emoción es el motor del aprendizaje, así que hay que darle el lugar que se merece, y en este caso, tener las herramientas necesarias para poder acompañar a los niños y niñas en su duelo, para poder asesorar a las familias, a la vez que los compañeros y compañeras implicados más directamente siguen su propio proceso.

Cómo hacerles llegar la noticia.

En mi caso, la noticia llegó de imprevisto. Ya en mi primer encuentro con algunas maestras del centro durante el verano, había oído hablar lo suficiente de este maestro  como para saber que era una de esas personas que crean recuerdos memorables. Puede verse en los artículos que se han publicado en diversos medios para despedirle. Cuando llegué el lunes al centro, fue la directora quién me dió la noticia, comentándome que algunas compañeras y compañeros estaban muy afectados, y pidiendo que los que nos hemos incorporado este curso sirviésemos de apoyo para los compañeros y compañeras más cercanos a él.

Según iban transcurriendo los minutos, e iban llegando más personas al centro, se sucedían abrazos, lágrimas, caras de enfado, de escepticismo, de frustración… Una tristeza infinita recorría los pasillos del centro, sin dejar apenas un espacio para una emoción diferente. Lo sentí en lo más profundo del alma, con esa emoción que te trae la experiencia de muchos duelos vividos, y supe que lo mejor que podía hacer era acompañar con una mirada y con el silencio respetuoso.

En ese primer momento, me dí cuenta de cómo se estaba gestionando todo… Es importante que la noticia de un fallecimiento se haga, si es posible, en persona y por parte de alguien muy cercano. Si no fuese posible en persona, puede hacerse por teléfono, e intentando siempre que sea alguien de confianza el que se disponga a dar la noticia.

En el caso de niños y niñas, lo más adecuado es tratarlo de forma directa y transparente. Es muy importante que se lo transmita una persona importante para ellos y ellas, y que se les de el tiempo que necesiten, se les permita expresar sus emociones, y se responda adecuadamente a las preguntas que vayan formulando. En este artículo voy a hacer una aproximación sobre cómo trabajarlo en el aula.

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“Orugas y mariposas de colores en los pupitres de nuestra escuela”.

Cuando decidí venir a Canarias a trabajar, me movió entre otras muchas cosas, lo que yo consideraba un adelanto respecto a muchas otras regiones de España: la educación emocional está presente (por Real Decreto) en todas las escuelas. Y una vez más, me ha sorprendido. El título de este epígrafe es el nombre de un programa de innovación educativa de la consejería de Educación, desde el que se “trae la muerte” al aula como un aprendizaje para la vida.

Desde el equipo directivo del centro se solicitó una charla para ayudar a los componentes del centro educativo a tener herramientas para afrontar la llegada de los alumnos y alumnas al aula el lunes, y poder acompañarles en su duelo.

Calixto Herrera, coordinador del programa, resumió, en apenas una hora, los puntos más importantes del acompañamiento al duelo en el entorno escolar. Su exposición respetuosa y serena, sus sinceras palabras, y la escucha activa de las que hizo gala, fueron calando profundo en cada uno y cada una de los presentes. Pues allí, además de todo el personal de nuestro centro, estaban también los profesores del IES San Diego de Alcalá, que recibirán a los alumnos y alumnas que pasan de 6º de Primaria a 1º de ESO, y algunos compañeros y compañeras de otros centros que también le conocían y se sentían afectados.

Ese clima de respeto y unión ante una tragedia, dar tiempo y espacio para poner las soluciones necesarias, ser capaces de adaptarnos a las circunstancias imprevistas que surgen, me hicieron ser más consciente todavía de que sí, yo elegí este centro, y éstos son los pequeños detalles que ratifican mi decisión.

¿Qué es el duelo? Las etapas del duelo.

La palabra duelo procede etimológicamente de “dolus” que significa dolor. Desde el enfoque humanista se suele definir como “el proceso psicológico que se produce a partir de una pérdida”. Por ello, debemos tener en cuenta que los niños y niñas se enfrentan a pérdidas desde muy temprana edad: de mascotas, de sus juguetes favoritos, de abuelos y abuelas, de amigos y amigas que cambian de cole o de casa… A esto hay que añadirle que el paso de un aula a otra, sobre todo en los centros que tienen edificios y patios separados, cuando no se hace una despedida y un cierre adecuados a final de curso, acaba convirtiéndose en un proceso de duelo más adelante…

Por tanto, el proceso de duelo sería el camino que recorre una persona para enfrentarse a una pérdida, y cómo se va adaptando a esa nueva situación.

Elizabeth Kübler-Ross identificó cinco etapas diferentes en el proceso de duelo:

  1. Negación
    «Me siento bien», «esto no me puede estar pasando, no a mí».
    La negación es solamente una defensa temporal para el individuo. Este sentimiento es generalmente reemplazado con una sensibilidad aumentada de las situaciones e individuos que son dejados atrás después de la muerte.
  2. Ira
    «¿Por qué a mí? ¡No es justo!», «¿cómo me puede estar pasando esto a mí?».
    Una vez en la segunda etapa, el individuo reconoce que la negación no puede continuar. Debido a la ira, esta persona es difícil de ser cuidada debido a sus sentimientos de ira y envidia. Cualquier individuo que simboliza vida o energía es sujeto a ser proyectado resentimiento y envidia.
  3. Negociación
    «Dios, déjame vivir al menos para ver a mis hijos graduarse», «haré cualquier cosa por un par de años más»,
    La tercera etapa involucra la esperanza de que el individuo puede de alguna manera posponer o retrasar la muerte. Usualmente, la negociación por una vida extendida es realizada con un poder superior a cambio de una forma de vida reformada. Psicológicamente, la persona está diciendo: «Entiendo que voy a morir, pero si solamente pudiera tener más tiempo…».
  4. Depresión
    «Estoy tan triste, ¿por qué hacer algo?»; «voy a morir, ¿qué sentido tiene?»; «extraño a mis seres queridos, ¿por qué seguir?»
    Durante la cuarta etapa, la persona que está muriendo empieza a entender la seguridad de la muerte. Debido a esto, el individuo puede volverse silencioso, rechazar visitas y pasar mucho tiempo llorando y lamentándose. Este proceso permite a la persona moribunda desconectarse de todo sentimiento de amor y cariño. No es recomendable intentar alegrar a una persona que está en esta etapa. Es un momento importante que debe ser procesado.
  5. Aceptación
    «Esto tiene que pasar, no hay solución, no puedo luchar contra la realidad, debería prepararme para esto».
    La etapa final llega con la paz y la comprensión de que la muerte está acercándose. Generalmente, la persona en esta etapa quiere ser dejada sola. Además, los sentimientos y el dolor físico pueden desaparecer. Esta etapa también ha sido descrita como el fin de la lucha contra la muerte.

Hay que dejar claro que cada persona vive el duelo de una manera diferente, por lo tanto cada duelo será diferente… Aunque este orden se presente en la mayor parte de los artículos y referencias a la muerte, debemos tener claro que puede haber personas que no necesiten pasar por todas, o que las vivan en un orden diferente del que aquí se muestra.

lágrimas

Acompañar el duelo en el aula.

Calixto nos habló de bastantes puntos importantes a tener en cuenta en el aula, cuando hay una pérdida. Para facilitar su gestión, voy a agruparlos en torno a dos núcleos principales: la maestra o maestro, y el alumnado.

Antes de continuar con el proceso que hemos de seguir en el aula, he de resaltar que hizo hincapié en que nuestra labor como maestras y maestros es el acompañamiento, tanto al alumnado como a sus familias, ya que la intervención se hace fuera de la escuela, y la llevan a cabo profesionales más especializados en estos temas.

Empezamos con el rol de los maestros y maestras:

  • Difícilmente podemos acompañar el duelo de un niño o de una niña si aún no hemos reflexionado sobre nuestro propio proceso de duelo, lo cuál no debe confundirse con haberlo realizado. Es posible llorar delante de los alumnos y alumnas, si es eso lo que sentimos, pero manteniendo siempre un clima contenido y respetuoso, de seguridad emocional.
  • Es muy importante que tengamos conocimiento sobre el proceso de duelo, cuáles son las respuestas que pueden tener los niños y niñas, saber que pueden ir y venir en el tiempo, conocer las características del duelo infantil, y tener herramientas para trabajar las emociones que vayan surgiendo en el aula.
  • El adulto ha de decir siempre la verdad, y utilizar las palabras adecuadas para representarla. Hemos de hablar de “muerte”, “cáncer”, “accidente”, “enfermedad”, etc. (buscando el lenguaje adecuado a cada rango de edad, y la información que precisen en cada una de las etapas) de manera que los niños y niñas puedan construir una imagen real de lo que es la muerte.
  • Se han de tener presentes todas las culturas y religiones, evitando frases o palabras que pertenezcan a alguna de ellas… Se puede acompañar espiritualmente y con respeto sin hacer mención a ninguna religión en concreto.

Recibimos a los alumnos y alumnas: en primer lugar, es muy importante resaltar que nunca debe forzarse el “hablar de la muerte”. Se debe trabajar cuando el grupo lo demande, cuando algún niño o niña muestra interés en ello, o hay una pérdida importante que se nota en los comentarios y que no permite que las clases se desarrollen con normalidad.

  • Cuando surge el tema, lo más importante es crear un ambiente de seguridad emocional. Lo ideal es sentarse todos y todas en un gran círculo y al mismo nivel. El maestro o la maestra jamás debería trabajar las emociones desde la verticalidad, sino desde una posición cercana y de apertura.
  • Se puede comenzar compartiendo cómo se enteraron de la noticia, qué sintieron, cómo se sienten ahora, etc.
  • Hemos de preguntarles si es la primera pérdida en su vida, o si han habido más, ya que a veces surgen duelos no trabajados y pérdidas no lloradas en el pasado. Uno de los grandes mitos relativos a cómo perciben la muerte es “que no se enteran” por lo que muchas veces no se les da espacio ni tiempo para llorar y despedirse.
  • Si aparece la culpa irracional, muy típica en los niños y niñas (“yo me porté mal con él”, “yo le hablé mal”, etc.), debemos hacer que desaparezca, utilizando pequeños rituales, como escribirle una carta disculpándose, y/o utilizando el sentido del humor para hacerles salir de esa situación.
  • Los cuentos (como los que propone el equipo en su bibliografía) y las canciones nos pueden servir para hacer un trabajo más profundo de expresión, y para fomentar el diálogo.
  • Debemos entender que la rabia y la agresividad, como buenos encubridores de la tristeza, suelen aparecer en estas situaciones. Además, el que un niño o niña juegue y se ría no es un indicador de que ya haya superado el duelo, ya que los niños y niñas no pueden estar en el dolor de forma permanente, y van intercalando estados de ánimo de forma muy rápida.
  • Cuando se ha vivido una charla intensa o una situación muy intensa a nivel emocional, es muy importante realizar un cierre a modo de “debriefing”, a través de un abrazo de grupo, una canción, etc.

En el caso de que sea, como en este caso, una pérdida para toda la Comunidad Educativa, se debe hacer un cierre colectivo, a modo de homenaje o similar.

Para terminar este artículo solo puedo dar las GRACIAS a Julio Rodríguez Viñoly, pues sin haber tenido el honor de conocerle, me ha hecho partícipe del regalo que entrega a esta Comunidad Educativa, el mejor aprendizaje para la vida, cómo mirar al dolor de frente, desde el respeto, el compañerismo y la ilusión por una educación de calidad.

Y a tí, que me lees, gracias por tus aportaciones.