Una de las citas más celebres de Pestalozzi dice: “el niño que no se siente querido difícilmente podrá ser educado”. Y de eso te voy a hablar hoy. Poco importa que utilicemos las metodologías más innovadoras, tabletas de última generación, cuentos  bellamente ilustrados… cuando un niño o una niña se siente rechazado, juzgado, herido, no aprende.

Cada día, en todos los rincones del mundo, millones de niños y niñas lloran; y otros millones ríen. Si estás pensando que depende del país en el que se encuentren o de las comodidades económicas que tengan, estás lejos de la realidad. He visto niños y niñas que no tienen nada (a nivel económico, en lugares de pobreza extrema) reírse a carcajadas, y a niños y niñas que lo tienen todo (materialmente hablando) llorar y gritar sin consuelo.

niñosfelices

¿De qué depende, entonces, la felicidad de un niño o de una niña?

Mi amiga Carmen Fernández pone nombre en sus talleres a algo que yo tenía muy claro desde siempre, más aún tras comenzar mi carrera profesional, y que ahora puedo explicar desde un punto de vista científico y desde diversas metodologías. Carmen nos trasmite, a través de su formación en disciplina positiva, que los niños y las niñas necesitan pertenencia e importancia.

Cuando hablamos de pertenencia nos referimos a todos esos sistemas de los que formamos parte. Los más importantes para un niño o para una niña son su familia, en primer lugar, y la escuela, en segundo lugar. (Más adelante te daré algunas sugerencias para conseguir bajar algunas de las barreras que tenemos al respecto).

Por otro lado, el “sentirse importante” es tan sencillo (o tan complicado) como sentirse valorada, amada, apreciada… como la persona que eres, con todas tus características, capacidades y habilidades, y por supuesto, con todas tus carencias.

Si aún no hemos llegado a ese nivel óptimo de autoestima y seguridad que es necesario para acompañar a un niño o niña, una buena idea es andar juntos ese camino. Ante todo, debemos evitar poner en ellos nuestras carencias y hacerles reflejo de nuestras inseguridades.

Probablemente ahora estés pensando: “Elsa, eso no es tan fácil como parece.” “Con 28 en clase.” “Con tres niños y la casa.” “Y el perro.” “Y el trabajo.” “Es que no tienes ni idea de mi historia familiar.”

¡Te escucho! Y te propongo un reto… anda el primer paso, prueba, acepta alguna de las sugerencias que vas a encontrar a continuación y vuelve al amor. Sí, has leído bien, he dicho amor. El amor es ese sentimiento que va a hacer que todo fluya. Y es eso que, si no lo tienes, no lo puedes dar… así que te invito a que empieces por amarte a tí mismo, a tí misma… y desde ahí, empieces una nueva relación con tus alumnos y alumnas… y con sus familias.

¿Eres importante? ¿Te valoras? ¿Te amas?

Si hacemos un pequeño viaje hacia nuestro interior e intentamos desde ahí contestar estas preguntas, probablemente las respuestas nos pongan tristes, nos den miedo, nos hagan sentir mal. Yo estuve ahí hace unos años, cuando empezó mi proceso de crecimiento personal.

¿De dónde viene ese sentimiento? ¿por qué te sientes así? Siento decirte que no tengo la respuesta a esas preguntas, pero sí algunas sugerencias que hacerte para empezar a cambiar esa imagen que tienes de tí mismo o de tí misma.

  • Cada mañana, al mirarte al espejo, reconócete y valora una de esas cualidades que tienes que te hacen ser única y especial.
  • Practica la paciencia contigo misma. Si tienes ocasión, siéntate unos minutos para simplemente concentrarte en tu respiración y en el silencio.
  • Acepta tus errores sin reprocharte. La retroalimentación negativa es muy perjudicial para tí. Acepta, y recuerda que puedes hacerlo de otra manera la próxima vez que tengas esa oportunidad.
  • Busca actividades que te apasionen y te ilusionen. La ilusión nos hace sonreír, nos llena el corazón de amor y de esperanza. Aunque te quede muy poco tiempo libre, regálate una ilusión, y conviértela en una rutina necesaria en tu vida.
  • Sonríe. A veces un mal día cambia con una simple sonrisa. 🙂
  • Acepta tus sentimientos. Sean cuáles sean, están ahí para mostrarte algo y para hacerte crecer.

verdaderoamor

Piensa ahora en todos esos niños y niñas con los que convives cada día. Sea cuál sea tu papel, puedes poner tu granito de arena para que se sientan importantes.

  • Evita los castigos. Es posible que pienses que “tiene que aprender que la vida es dura”, o que “es la consecuencia por haberse portado mal”, o incluso que “se lo merece”. Y si estás en esa tesitura, o si por el contrario te duele leer esas frases, te pido que me acompañes y encontremos otra manera de hacer las cosas.
  • Cambia el verbo “ser” por otros verbos relacionados con la acción. En lugar de “eres bueno” podemos decir “me encanta como has jugado con los demás”; o en lugar de “eres un desastre, lo tiras todo” podemos usar “me gustaría que tengas cuidado cuando cojas un vaso con agua”. Es importante que en nuestro lenguaje vean que lo que está bien o mal es la acción, porque las personas podemos aprender y podemos cambiar en nuestros procesos.
  • Llama a cada niño y a cada niña por su nombre; y si es posible, también a sus papás y a sus mamás. Una de las cosas que más me duele como profe de música es que tardo semanas en poder hacer esto, cuando sé que es algo necesario para que se sientan reconocidos. En el caso de los adultos, es importante reconocer a la persona en sí misma, más allá de su apelativo como “la mamá de…” “el profe de…” “la mujer de…” Sigo apelando al lenguaje como una de las herramientas más importantes en las relaciones humanas.
  • Evita coger cosas de los niños y niñas, o tocarles sin su consentimiento. Una de las normas básicas de respeto es la reciprocidad, ya que además ésta nos ayuda a crear relaciones horizontales. Si quiero mirar un cuaderno, lo ideal es que le diga “¿puedo coger tu cuaderno, por favor?”. Si quiero agarrarle para un juego. de igual manera le pido permiso, etc.
  • Evita las comparaciones de cualquier tipo, con otros compañeros y compañeras, con sus hermanos y hermanas, con sus familias… a veces, sin darnos cuenta, hacemos comentarios del tipo “eres tan guapa como tu hermana” “menos mal que éste es más tranquilo que el mayor”. Con este tipo de afirmaciones, estamos restando importancia a quién son ellos mismos en realidad, y haciéndoles poner su atención en cumplir nuestras expectativas, intentando parecerse (o no parecerse) al objetivo de nuestra comparación.

¿A cuántos grupos perteneces?

Hace poco mi prima me contaba preocupada que su hijo (con 14 años) tiene casi 1000 seguidores en Instagram. Yo, en mi mentalidad de “adoro las redes sociales y la tecnología”, pensé que teníamos allí comiendo a nuestro lado a un potencial “influencer” en toda regla. Y sonreí por dentro, porque entendí que ese niño tenía cubiertas sus necesidades de pertenencia: familia, amigos de baloncesto, compañeros del antiguo colegio, del nuevo colegio, de natación, del barrio, del pueblo, de la playa… Que la vida digital a veces no es la misma que la vida real, eso ya lo hablaremos más adelante (tengo un post preparado al respecto), pero en el caso de la mayoría de los adolescentes de ahora, sus redes son un reflejo de su nivel de pertenencia a los diferentes sistemas de los que forman parte.

Volviendo a los niños y niñas, y como dije hace unos párrafos, hay dos sistemas principales que son la familia y la escuela. Casi en todos los centros que he estado he tenido que escuchar varias veces eso de “es que la familia es un desastre” ó “si es que en esa casa es imposible que haya uno bueno” y cosas por el estilo. En un centro de difícil desempeño en el que trabajé hace años, había una maestra (todo amor) que solía decirme: “hija, ¿qué podemos hacer? Demasiado normales son para lo que tienen en casa. Tenemos que darles cariño e intentar que aquí vean cosas diferentes.” He tenido la suerte de coincidir en mi carrera con muchas de estas maestras (ya jubiladas) que tenían clarísimo que el cariño y el amor eran la única forma de enseñar las letras.

Me he preguntado muchas veces por qué son esos niños y niñas los que reciben más castigos, a los que peor se les habla, y los que viven el rechazo continuamente… ¿Así es como queremos cambiar la sociedad? ¿Qué es lo que nos molesta tanto de estos niños y niñas? ¿Son culpables de su situación?

En el otro extremo están los niños burbuja, súper consentidos, con una familia que les corta su madurez, desarrollo y crecimiento haciendo por ellos y por ellas lo que podrían hacer por sí mismos. Una vez más, estas familias son culpabilizadas por ello y esos niños y niñas reciben lo mismo que los anteriores: castigos, rechazo, etc. En este caso puede que incluso con alguna reunión subida de tono entre los docentes y los progenitores.

Hoy voy a escribir para tí, maestro, maestra. Voy a pedirte que pruebes a incluirles a todos y a todas, a respetar a todos y a todas, independientemente de las cargas que traen a cuestas. Porque si no pertenecen a una familia estructurada (que ese trabajo es complicado y da para muchos post), sí podemos incluirles en una clase, y hacerles ser parte importante de un sistema, del nuestro, de este grupo, de esta clase, de esta escuela… Lo sé, lo he probado, y puedo asegurarte que es posible. ¿Te atreves?

  • Cambia la simpatía por el respeto en tus discursos. De esta forma en lugar de decir “tenemos que ser buenos amigos” podemos decir “tenemos que ser buenos compañeros”. Todas las personas merecen nuestro respeto, pero solo algunas se convertirán en amigos o amigas con el tiempo. Eso hace que incluyamos a todos y todas las que se encuentran ahí en ese momento.
  • Cambia la culpa por la responsabilidad. Cuando hay algún conflicto o dificultad en clase o en el patio, vamos a observar causas y consecuencias, y a buscar posibles soluciones si eso volviese a ocurrir. Hemos de crear otros caminos diferentes. Puedes usar preguntas como: ¿Qué te hubiera gustado que hiciera? ¿Cómo se juega de otra manera? ¿Es posible que actúes diferente cuando te sientes enfadado? De esta forma fomentamos la empatía y la responsabilidad y dejan de acusarse entre todos.
  • Evita las etiquetas, tanto las positivas como las negativas. Ya he hablado en diferentes ocasiones del “efecto Pigmalión”, y de las expectativas cumplidas. Están creciendo, hemos de dejarles que experimenten, que se formen, que vayan construyendo su pequeña comunidad desde el respeto y la confianza.
  • Corrige en privado y felicita en público. Esta es una de las premisas básicas en la gestión de grupos de cualquier tipo. De un equipo directivo hacia sus docentes, de un maestro o maestra hacia sus alumnos y alumnas, de un profesor o profesora hacia las familias. Si hemos de corregir o incidir en algún aspecto concreto, deberíamos hacerlo en privado. En cambio, las acciones y/o actuaciones que han sido brillantes, que nos han ayudado, etc. pueden ser alabadas en público.
  • Respeta siempre la intimidad y la privacidad de cada alumno y alumna y de sus familias. Evita hablar de un niño o niña a otras familias, a otros compañeros, o incluso como anécdota del trabajo. Si es necesario para tu bienestar emocional o como parte de una formación o artículo, hazlo siempre desde el anonimato, hablando de las características de ese caso en particular. Es diferente decir “hay algunos niños que son más inquietos en clase y eso puede molestar a su hija” que decir “Pedro está todo el tiempo molestando a Virginia”.
  • Respeta sus diferencias, sus tiempos, su carencias, su historia familiar… acompáñalos en su proceso sin querer hacerlos todos iguales, pues cada uno es diferente, y sus diferencias nos enriquecen (a nosotras y nuestro aula).
  • Si en algún momento crees que puedes perder los nervios, sal de clase y respira, bebe agua, pide un tiempo a un compañero o compañera, cuenta un chiste o anécdota… regálate un cambio de estado 🙂

Podría escribir cientos de líneas sobre esto, pero es tan sencillo como empezar a caminar… solo hay que encontrar el equilibrio, e ir poniendo un pie delante de otro. Todo lo que necesitamos para ayudarles a crecer sanos y felices es ponerle mucho amor al día a día en la escuela.

Ya sabes que agradezco tus comentarios, preguntas, dudas, etc. Si te ha gustado, recuerda compartir 😉