¿Alguna vez te has planteado cómo cambiaría tu relación con una persona si cambiases el lugar desde donde le hablas?

¿Alguna vez has reflexionado sobre cómo, cuándo y para qué te diriges a las familias de tus alumnos y alumnas?

¿Te has preguntado en algún momento de tu carrera profesional como docente, o de tu trayectoria escolar como padre o madre cómo cambiaría todo si la comunicación fuese más clara y consciente?

Hemos dedicado tanto tiempo y esfuerzo a trabajar las metodologías, a ponernos al día en tecnología, a innovar… que hemos perdido de vista el cambio de paradigma respecto a las familias.

¿Por qué se les sigue hablando desde detrás de una mesa poniendo barreras? ¿Por qué la principal causa de una tutoría son los problemas/conflictos de un alumno o alumna? ¿Y si empezamos a cambiar en esto… qué pasaría?

Una buena amiga me pidió este fin de semana que le recordara cómo empiezo las tutorías individuales con familias, de qué manera conseguía esa comunicación eficaz y fluida, cómo establecer los cimientos de una relación respetuosa.

Y el tema nos ha dado para más de una conversación, así que he decidido compartirlo también contigo, por si te puede ser de utilidad en este inicio de curso.

Reuniones informativas de trimestre.

Cada año, según la legislación educativa vigente, el equipo docente de cada centro educativo estamos obligados a mantener una reunión informativa trimestral con las familias de cada tutoría.

En esta reunión se marcarán las líneas pedagógicas, actividades complementarias, normas de centro, salidas extraescolares, etc.

Todos los centros en los que he trabajado, y todos los que he visitado, públicos, concertados y privados, suelen cumplir rigurosamente con esta norma. Sin embargo, nos ceñimos a un guión anticuado y establecido que está muy lejos del nuevo paradigma educativo por el que muchas y muchos (tanto docentes, como familias y centros) apostamos.

Habitualmente, solo a las familias de los niños y niñas de 3 años se les habla de la línea pedagógica del centro, se les presenta a todo el equipo docente, se les recibe sin prejuicios ni ideas preconcebidas. Más tarde, tanto docentes como familias, nos vamos sorprendiendo de cómo vamos perdiendo la cercanía y la colaboración según pasan los años.

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Por ello, creo que deberíamos salirnos un poco del guión establecido, y empezar a dar importancia también a otras cosas. Mis ideales para la primera reunión general serían:

  • Empezar hablando de nuestra filosofía educativa, que ya conocen, y lo que nos hace mantenernos en ella. Evidencias científicas que nos avalan, nuevas investigaciones, etc.
  • Presentar a todo el equipo docente, y que cada persona de ese equipo resuma brevemente qué es importante para su área, y por qué; y si necesita o espera algo por parte de las familias.
  • Hablar del desarrollo cognitivo y socio-emocional de la edad de los alumnos y alumnas; y de la necesidad de permitir que cada uno y cada una sigan su proceso madurativo. Cómo se apoyarán esos procesos desde el aula, y cómo fomentarlos en casa.
  • Normas básicas del centro, del aula, de comunicación… El decir “no me gustan los grupos de WhatsApp” da poca información a las familias. Seamos profesionales y expliquemos que cada vez que hablan de sus hijos e hijas en un grupo, les están etiquetando y vulnerando su privacidad y su derecho a la intimidad. Hablemos de la inseguridad y la dependencia que les crea a los niños y niñas el que sus padres y madres pregunten por sus deberes escolares. Pongamos el foco en la importancia de una comunicación respetuosa entre docentes y familias, porque todas y todos somos parte de la comunidad educativa. Propongamos una solución, no un conflicto.
  • Alimentación saludable… en lugar de prohibir o establecer días para cada alimento… ¿por qué no informamos de las consecuencias del azúcar en el desarrollo? ¿y de cómo el chocolate funciona como estimulante en niños y niñas, sobre todo si son muy pequeños? Cambiemos las obligaciones por pautas e información que les servirá para llenar la vida de hábitos saludables.
  • Hablar de conductas apropiadas e inadecuadas, y cómo se van a gestionar en el aula. Pedir la colaboración de las familias, e informarles sobre qué actuación se espera de ellas en cada caso.
  • Roles de cada uno, de cada una. Soy defensora de la conciliación familiar, y creo que desde los centros educativos hemos de dar ejemplo y pautas para establecer un equilibrio agradable entre familia y escuela.

Y bueno, a todo esto le podemos añadir los contenidos, temarios, excursiones, cuadernos, materiales, cooperativa, etc. aunque todo eso se puede dar por escrito y dedicarle pocos minutos de la reunión.

También por conciliación y respeto, hemos de mandar por correo electrónico una copia con el resumen de la reunión a todas las familias, ya que las que no han podido asistir por temas laborales (aunque sea una pena) también tienen derecho a ser incluidas en la reunión (y nos interesa que conozcan lo que se habló en la misma).

En el segundo y tercer trimestre, hablaríamos siguiendo los mismos valores. Hemos de hablar de la evolución del grupo-clase, de sentimientos y crecimiento, de relaciones y desarrollo, de comunicación, de colaboración, de empatía…. Hablar, hablar, y hablar… resolver dudas, crear confianza, intercambiar impresiones, puntos de vista… En mi opinión, estas reuniones ya pueden ser dirigidas íntegramente por el tutor o tutora del grupo, que se habrá reunido previamente con todo el equipo docente para poder transmitir lo que necesiten de su parte.

Tutorías individuales, el primer paso para una relación cordial y respetuosa.

Tras la primera reunión general, se sucederán, al menos durante el primer trimestre, una tutoría individual con la familia de cada uno de los alumnos y alumnas de la clase.

Aunque a veces no le demos la importancia que merece, este momento será uno de los más importantes para que la evolución personal y académica de ese niño o niña sea positivo.

Estamos muy acostumbrados, como docentes, a querer instruir y adoctrinar a las familias, porque nosotros sí sabemos cómo hay que hacer las cosas. En estas ganas de ayudar, estamos anulando el reconocimiento a la cultura, normas e identidad de esa familia, y estamos estableciendo una barrera invisible enorme en la comunicación con ella.

En primer lugar, hemos de tener en cuenta que cada familia es única y exclusiva, y hemos de tratarles como tal. Debemos darles la oportunidad de explicarnos cómo, por qué y para qué hacen las cosas de una forma determinada. A partir de ahí, podemos explicarles cómo funcionamos en el aula, e intentar buscar un camino común, desde el diálogo y la comunicación, para el curso escolar que tenemos en marcha.

Lo más complicado en este proceso, es el cambio de mentalidad, dejar a un lado los prejuicios, las expectativas, el ego profesional… Lo más complicado de la profesión docente es que te requiere un gran camino de crecimiento personal y un gran conocimiento de la humanidad.

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Para intentar facilitar un poco los procesos, te dejo aquí unos pequeños pasos para que establezcas este año una relación diferente con las familias, posicionándote en otro lugar, y abriendo un gran espacio para el diálogo.

  • Elige un lugar luminoso, cómodo y con el menor ruido posible. Ten en cuenta también las posibles interrupciones, y si crees que las puede haber, avísalo al inicio de la reunión.
  • Posiciona el espacio de igual a igual, evitando la mesa del profesor y la familia al otro lado. Se puede realizar la reunión en las mesas de grupo de los alumnos, en una mesa redonda, solo con sillas del mismo tamaño, etc. Esto facilitará mucho la comunicación.
  • Pregúntales su nombre, y anótalo si crees que puedes olvidarlo. Como apuntaba en el artículo anterior, el que otra persona sepa nuestro nombre, nos hace sentir importantes.
  • El principio de la reunión debería ser: ¿qué puedes decirme de la evolución académica de tu hijo, de tu hija? ¿Cómo crees que se ha sentido en la escuela? ¿Hay algún hecho significativo que creas que debo conocer? ¿Te gustaría compartir conmigo alguna característica de tu hijo, de tu hija? La primera vez que una familia escucha estas preguntas, suelen poner cara de sorpresa, pues normalmente van a la reunión a “escuchar al profe”, así que presta atención a lo que tienen que decirte y practica la escucha activa.
  • Háblales en esta primera reunión de todas las cualidades positivas que tiene su hijo o su hija. El ponerte a tí misma esta tarea, hará que tu percepción de los alumnos y alumnas cambie. Casi nunca les buscamos las cosas buenas 🙂
  • Después puedes comentar con ellos algo en lo que te gustaría trabajar con el niño o la niña en concreto, algo en lo que tú crees que podría mejorar, ofreciéndoles la oportunidad de colaborar desde casa.
  • Establece y/o aclara cuáles van a ser tus canales de comunicación con ellos y estableced una fecha para revisar los objetivos (yo suelo hacerlo por curso escolar si no hay mayores dificultades en el transcurso del año).
  • Despídete agradeciendo el tiempo que te han dedicado, y expresando lo afortunada o afortunado que te sientes porque formen parte de tu clase.

Probablemente pienses que esto va a ser muy sencillo con unas familias y complicado con otras. Si eres papá o mamá, quizá te gustaría probar ésto in situ. En cualquier caso, nuestros alumnos y alumnas merecen que lo intentemos.

A veces ni siquiera es tan importante estar de acuerdo en todo, o remar en la misma dirección. Casi siempre lo más importante es ser el mejor ejemplo de comunicación respetuosa, colaboración y empatía.

¡Feliz semana y muchas gracias por compartir tus impresiones en los comentarios!