Me encanta el silencio. Lo admito. Aunque en realidad lo que me gusta no es el silencio, sino ese perfecto equilibrio que me permite escuchar con atención lo que hay a mi alrededor… un pájaro volando a lo lejos, las olas del mar que van y vienen, el grifo que gotea rítmicamente, la respiración de un bebé que duerme, el hielo deshaciéndose en el café… Ah, que entonces no se puede hablar de silencio…

Sí, definitivamente, eso del “silencio” está sobrevalorado… Entras a una clase, y antes siquiera de haber dicho una palabra, ya se oye “shhhhhhh….” Casi siempre pienso lo mismo… “¿acaso chistar es silencio?”… y reflexiono sobre el ejemplo que ofrecemos, y a veces, incluso me sorprendo a mí misma usando la tan temida onomatopeya.

Es entonces cuando el silencio se convierte en objetivo y contenido de la clase, que se les enseña a los niños y a las niñas mucho antes que a escuchar, y siempre antes de explicarles qué es y para qué nos sirve. ¿Cuándo hemos olvidado que el silencio, bien usado, nos sirve para hacer poesía y para hacer hablar a la música? Que es la pausa que precede el final de un acto emocionante, lo que da valor a la palabra, y al sonido, lo que hace que aparezcan ideas en nuestra cabeza y melodías lleguen a nuestros labios.

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¿Es necesario el silencio en el aula?

Como ya te he dicho antes, creo que el silencio está sobrevalorado, y sin embargo, si acudieses a alguna de mis sesiones de música en la escuela, te parecería observarlo muchas veces.

El silencio es la ausencia de sonidos, y por tanto, puedo tener a 26 niños y niñas en silencio, con sus pequeñas cabecitas llenas de ruido… algunos estarán tarareando las canciones de sus dibujos favoritos, otras jugando a volar por el espacio, inventando cómo hacer una cometa, o simplemente viajando con la imaginación… Y es que silencio no es sinónimo de atención casi nunca.

Para que ese silencio sea útil, debe haber un elemento sorpresa, una incógnita, información interesante, algo que despierte la curiosidad y estimule la amígdala (sin emoción no hay cognición) convirtiendo ese momento de espera sostenida en el preludio de un aprendizaje adquirido sin apenas esfuerzo.

Y esos pequeños momentos son solo eso, momentos en los que todos ellos y todas ellas nos miran atentamente a la espera de que suceda algo… el resto del tiempo, la escuela ha de “estar viva”, y éso requiere movimiento, conversaciones, risas, algún que otro “gritito” de excitación ante un reto superado… ese ronroneo alegre que debería escucharse al entrar en una escuela cualquiera de cualquier lugar del mundo.

Alternativas al silencio.

Es posible que al mencionar “alternativas” hayas pensado en cómo hacer las cosas sin silencio… y lo que en realidad me gustaría ofrecerte son alternativas a esa palabra que tanto hemos usado y desvirtuado.

Junto a esta serie de palabras, me gustaría proponerte un reto. Piensa para qué sirve cada una de ellas, siguiendo su definición, y empecemos a darle un aire nuevo a las clases.

Por ejemplo, cuando quiero que los grupos hablen más bajo, les doy las siguientes instrucciones: “necesitamos que nuestro volumen sea lo suficientemente bajo para que los otros grupos no puedan escuchar lo que estamos hablando, y lo suficientemente alto para que todas las personas de nuestro equipo nos escuchen con claridad… a ver quiénes lo consiguen”. Y normalmente, se produce la magia 🙂

Si pinchas en cada una de las palabras que te propongo, podrás acceder a su definición en el diccionario de la Real Academia Española, y seguro que se te ocurren miles de situaciones en las que podrías usarlas con tus alumnos y alumnas. Más abajo te dejo algunas ideas de cómo las uso yo en mis clases.

Mis cinco favoritas: quietud, calma, serenidad, equilibrio, estabilidad.

 

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Algunas ideas para el aula, para casa, para el trabajo.

Antes de aplicar cualquiera de estas ideas o de cualquier otra que se nos vaya ocurriendo compartir, hemos de recordar que los estados varían según la persona y su personalidad. Yo puedo encontrar la calma en el movimiento de mi mano o sentir estabilidad sentada en el borde de la silla… para saber cuál es el estado de cada uno y de cada una, hemos de tomarnos unos días de observación, y de probar diferentes estrategias.

Algo que he usado durante años para conseguir algunos de estos estados, y que funciona prácticamente a cualquier edad, es jugar con los contrarios… ya sabrás que les encanta el juego de las estatuas, pues se puede hacer casi con cualquier cosa.

Si quiero conseguir calma, provoco alteración, bien sea a través del movimiento, la música, la palabra… Por ejemplo, se puede usar un golpe de crótalos para volver a la calma… Veamos:

Estamos en círculo en el suelo y les explico que vamos a hacer algo muy difícil, cada vez que suenen los crótalos, tenemos que “volver a la calma”. Alguna personita preguntará qué es la calma. Aprovecharemos ese momento para pedirles que pongan en su imaginación un momento en el que se han sentido tranquilos y felices, sin necesidad de hablar ni de moverse, simplemente estando. Se pueden dar ejemplos como tumbarse sobre la hierba a ver pasar las nubes, sentarse a la orilla del mar a dejar que las olas lleguen, o dejarse enterrar con arena en la playa… Es posible que ahora todos y todas quieran compartir cuál es su momento “calmoso” 🙂 Entonces empezamos un juego que consiste en hablar todos y todas a la vez sin decir nada (esto les divierte y les hace mucha gracia), y toque de crótalos. Como buen ejemplo, yo he debido parar de hablar mirándoles fijamente desde mi presencia, sabiendo que todos y todas lo harán bien. Se puede repetir tres o cuatro veces.

Cuando ya han interiorizado la cualidad de la calma, podemos usar ese estado previamente a una actividad que la requiera… asegurándonos que en ese momento de atención que nos prestan, pasará algo interesante, emocionante o divertido. El aprendizaje que surja en ese momento, probablemente permanecerá en sus memorias por muuucho tiempoooo…

Y así podemos ir haciendo diferentes juegos y actividades con cada una de las cualidades que queramos tener presentes en el aula. Y recordemos que la escuela tiene que estar viva y que el silencio es arte… ¡empecemos a tratarlo como merece!

Recuerda que puedes compartir ideas, hacer preguntas o dejar tus comentarios más abajo…

¡Feliz semana!