Si esperas un artículo que te ayude a mejorar como docente o como padre/madre, puedes dejar de leer, porque hoy solo voy a hablar de filosofía de la educación, de los pilares en los que debería sustentarse una educación responsable, de mi experiencia, de mis creencias, de mis valores. Mostraré algunos consejos al final para empezar a practicarlos, pero éste es solo mi punto de vista, que espero que algún día sea el de muchas más personas…

La educación como motor de cambio.

Durante mis dos años de excedencia, y durante el pasado curso, he tenido la suerte de asistir a muchísimas conferencias muy interesantes (que aún tengo que redactar para poder compartirlas). De todas ellas, van quedando frases que se incrustan en mi cabeza, y quedan ahí para reflexionarlas, para activarlas, para ponerlas en práctica.

Fernando Savater, en la conferencia que ofreció en Guadalajara patrocinada por la Fundación Siglo Futuro, nos recordaba que, aunque fuera por egoísmo, todos y todas deberíamos estar interesados en la educación. Porque los niños y niñas de ahora son nuestros futuros dirigentes, nuestros futuros médicos, panaderos, trabajadores sociales, albañiles, carteros… sí, ellos y ellas son quienes estarán a nuestro alrededor en el futuro, quienes formarán la sociedad de la que ya deberían ser y sentirse parte.

La grandeza de un pueblo, la evolución de una sociedad, se puede ver en cómo trata a sus niños y niñas, en cómo cuida del medio ambiente, y de los animales. Solo cuando se ha adquirido un nivel de conciencia colectiva evolucionada, toda la sociedad avanza hacia ese estado de bienestar con las personas y con el planeta.

Y el único motor de cambio posible es la escuela, pues desde los niños y las niñas, se accede a las familias, y de ellas, al barrio, a la comunidad, a la sociedad… Un cambio en la escuela es un cambio que dará lugar a una gran revolución social, y cada vez somos más las personas que estamos convencidas de ello.

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Los valores del cambio.

El doctor Francisco Mora nos habla en su último libro de una serie de valores que habríamos de impulsar en las escuelas, pues es en el cerebro de los niños y de las niñas donde se empiezan a crear esos valores sociales y cívicos a los que tanta importancia se daba en las escuelas de la Antigüedad.

Libertad, dignidad, igualdad, justicia, verdad, belleza, felicidad, culpa, castigo… son valores de los que no se habla en la escuela, pero que se practican en el día a día de cualquier aula, y se practican con el ejemplo, mostrándoles a los niños y a las niñas cuál es la manera habitual de hacer las cosas.

¿Y sabes qué es lo más curioso? Que los niños y las niñas lo aprenden, y lo incluyen en sus sistemas como una realidad, como lo normal, lo habitual, lo corriente… y ellos y ellas lo reproducen en casa, en sus relaciones, en la vida.

Entonces, yo te planteo una reflexión… cuando te sorprenda la conducta de un niño o de una niña (para bien o para mal), lejos de culpabilizarle por su comportamiento, planteate qué es lo que está viviendo, qué tiene a su alrededor.

Recordemos este poema de Dorothy Law Nolte, traducido al español:

“Si los niños viven con reproches, aprenden a condenar.

Si los niños viven con hostilidad, aprenden a ser agresivos.

Si los niños viven con miedo, aprenden a ser aprensivos.

Si los niños viven con lástima, aprenden a auto-compadecerse.

Si los niños viven con ridículo, aprenden a ser tímidos.

Si los niños viven con celos, aprenden a sentir envidia.

Si los niños viven con vergüenza, aprenden a sentirse culpables.

Si los niños viven con ánimo, aprenden a confiar en sí mismos.

Si los niños viven con tolerancia, aprenden a ser pacientes.

Si los niños viven con elogios, aprenden a apreciar a los demás.

Si los niños viven con aceptación, aprenden a amar.

Si los niños viven con aprobación, aprenden a valorarse.

Si los niños viven con reconocimiento, aprenden que es bueno tener una meta.

Si los niños viven con solidaridad, aprenden a ser generosos.

Si los niños viven con honestidad, aprenden qué es la verdad.

Si los niños viven con ecuanimidad, aprenden qué es la justicia.

Si los niños viven con amabilidad y consideración, aprenden a respetar a los demás.

Si los niños viven con seguridad, aprenden a tener fe en sí mismos y en los demás.

Si los niños viven con afecto, aprenden que el mundo es un maravilloso lugar donde vivir.”

Por esto, y mucho más, es muy importante qué hacemos, qué decimos y cómo actuamos cuando las personas que tenemos alrededor son niños y niñas, que están fijándose en nuestros comportamientos y sobre todo, en nuestro trato hacia ellos y ellas, para imitarnos.

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Afortunadamente, hay familias que saben desarrollar por sí mismas todos estos valores (pase lo que pase en la escuela) pero hay familias muy desestructuradas cuyos niños y niñas necesitan en la escuela otros referentes y otros modelos que les hagan ver que hay otra manera de hacer las cosas.

Pequeños pasos hacia delante.

A veces los alumnos y alumnas en prácticas (con los que me encanta hablar) me piden que les diga cómo empezar, cómo llevar esto a cabo. A veces, también algunos compañeros y compañeras me piden algunas pautas para el aula.

Lo primero es “haz lo que quieres que hagan” “trata a los niños y a las niñas como te gustaría que te tratasen a tí” y cuando no sepas que hacer, escúchales. Casi siempre saben cómo resolverlo, son muy sabios y muy sabias.

Si te gusta que los niños y las niñas saluden al entrar, recíbelos en la puerta de la clase dándoles los buenos días, y si lo haces de uno en uno, de una en una, te lo agradecerán el doble, y te convertirás en una persona de referencia para ellos y para ellas.

De igual manera, despídete deseándoles un buen día, una feliz tarde, agradeciéndoles su esfuerzo y su trabajo, su atención, su colaboración, su implicación… o simplemente hasta mañana. Piensa cómo te despedirías de alguien a quien posiblemente no veas mañana. Cada día podría ser el último, tenlo en cuenta con las personas con las que convives habitualmente.

Dale mucha importancia a la privacidad y a la intimidad. Hay una premisa básica que deberían seguir los grandes líderes de cualquier ámbito: “Elogia en público y corrige en privado. Un líder corrige sin ofender y orienta sin humillar.” Y sí, los maestros y maestras, los docentes, somos líderes… pues la vista de cientos de niños, niñas, adolescentes, personas… está puesta en nosotros y en nosotras. Nunca deberíamos hablar de las tareas que le faltan a un niño en la puerta del colegio delante de todo el mundo, ni deberíamos compararles en público, ni hablarles a unas familias de otras, ni premiar y castigar estableciendo diferencias… Las cualidades y características de cada niño y de cada niña, de sus familias, pertenecen a un entorno privado, y como profesionales, debemos ser capaces de crear un vínculo y un círculo de seguridad, que les preserven de daños innecesarios.

Y la única norma que establezco en todas mis clases y que (como dicen mis pequeños alumnos y alumnas) incluye a todas las demás… RESPETO, mucho respeto. Y lo pongo así en mayúsculas, porque es muy importante. Tratarles con amor, con cariño, con paciencia, con comprensión. Nosotros, nosotras, como adultos ya deberíamos tener claras nuestras ideas, tener colocada la autoestima, y el ego bajo control… Ellos, ellas, están aprendiendo a ser… y esa es una tarea muy complicada en los tiempos que corren.

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Y, si aún te quedan dudas, escucha a tu corazón, seguro que él tiene la respuesta adecuada para guiar tus pasos… ¡Feliz domingo! ¡Feliz inicio de semana!