El día 20 de noviembre se celebra en todo el mundo el Día Internacional de los Derechos del Niño. Como pasa en tantas otras cuestiones, hay muchos otros días llamados “día de la infancia”, “día del niño”, etc.

Como tengo la manía de hacer las cosas con un sentido (aunque con el sesgo de que es el mío propio) a mí me gusta este día, puesto que es el aniversario de aquel día en el que se firmó la Convención de los derechos del niño, en la asamblea general de las Naciones Unidas.

Como maestra me gusta celebrarlo casi todo, siempre que tenga sentido para mí y para los niños y niñas con los que trabajo. Sin embargo, si tuviera que elegir una sola celebración para mi centro educativo, ésta sería en la que trabajaríamos durante todo el año.

Creo en la cultura de paz como algo a vivir cada día en un centro, dando ejemplo y practicándolo, y me parece bonito exteriorizarlo y difundirlo en una celebración común. Así podría explicar cada una de las actividades que he realizado (de forma voluntaria) en cada uno de los centros en los que he trabajado.

Y para mí, ésta tiene un carácter especial, porque en este “primer mundo” olvidamos y dejamos de lado estos 54 artículos tan vitales para el desarrollo de los niños y las niñas, dando por hecho (por vivir donde vivimos) que se cumplen todos ellos… veamos algunos de los que me parecen más significativos… (Aquí puedes ver los 10 principios con los que solemos trabajar habitualmente en los centros educativos).

Artículo 2.2.: “Los Estados Partes tomarán las medidas apropiadas para que el niño se vea protegido de toda forma de discriminación o castigo por causa de la condición, las actividades, las opiniones expresadas o las creencias de sus padres, o de sus tutores, o de sus familiares”.

Desde la escuela pública actual deberíamos velar más que nunca por este derecho, pues cada día se puede observar cómo cientos de niños y niñas son castigados por el mero hecho de que en su familia no han sido capaces de darles la educación que “según el colegio” deberían tener.

Como maestros y maestras, hemos de velar por el respeto a todas las culturas, condiciones familiares, creencias… tratando de dar igualdad de oportunidades a todos los niños y niñas, e intentando (si fuera el caso) cubrir las carencias familiares desde la escuela, de una forma respetuosa y con mucho cariño.

¿Niños y niñas castigados por opinar algo diferente a lo que desearía su maestro o maestra? ¿O porque su comportamiento no es el adecuado (porque nadie les ha enseñado a hacerlo)? ¿Excluídos de una función de Navidad porque solo se da religión católica en el cole? ¿Alejados de una actividad porque su familia ha decidido que no aparezcan en las fotografías o vídeos del centro?

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Artículo 12.1.: “Los Estados Partes garantizarán al niño que esté en condiciones de formarse un juicio propio el derecho de expresar su opinión libremente en todos los asuntos que afectan al niño, teniéndose debidamente en cuenta las opiniones del niño, en función de la edad y madurez del niño”.

Para ejercer este derecho es necesario tener en cuenta que un niño o una niña, desde que nacen, son personas completas. Solo desde la crianza respetuosa es posible acompañarles en su evolución y crecimiento, sin pretender hacerlos “a nuestra imagen y semejanza”.

Un niño o una niña, desde que adquieren el lenguaje, son perfectamente capaces de expresar su opinión. Incluso de bebés, a través del lenguaje de signos, es posible llegar a comunicarnos con ellos y con ellas. Simplemente es necesario escucharles. Cuando escuchamos a los niños y a las niñas, se abre ante nosotros un infinito mundo de posibilidades, tanto a nivel socioemocional como a nivel cognitivo.

¿Cómo pretendes que tu hijo o hija adolescente hable contigo, si nunca le escuchaste cuando era niño, cuando era niña? ¿Realmente crees que un alumno o alumna te va a decir lo que piensa realmente, si ha aprendido que castigas a todo aquel que no dice lo que tú quieres que diga? ¿Enseñamos a los niños y niñas a decir la verdad, o a decir lo que el adulto quiere oír?

Artículo 16.1.: “Ningún niño será objeto de injerencias arbitrarias o ilegales en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques ilegales a su honra y a su reputación.”

De estas tres líneas podría hablar tanto, que darían por sí mismas para escribir un artículo entero. Sin embargo, simplemente voy a anotar algunas reflexiones que tienen que ver con la enseñanza en educación primaria e infantil, la vida habitual en los centros educativos y la desinformación sobre las redes sociales.

La escuela está poco preparada para el mundo en el que vivimos, y si los adultos no somos conscientes de ello, difícilmente podremos transmitirlo a los niños y a las niñas. La escuela debería considerar que hay muchas familias que solo disfrutan de la compañía mutua durante dos o tres horas durante la tarde, por lo que si tienen que dedicar tiempo a tareas escolares, la vida familiar desaparece por completo, siendo ésta totalmente necesaria para el íntegro desarrollo del niño y de la niña.

Por otro lado, en los centros educativos deberíamos ser más conscientes de la información que manejamos, respecto a los menores y sus familias, evitando hacer comentarios sobre circunstancias personales o familiares (discapacidad, retrasos, mala conducta, separaciones, fallecimientos, etc.) fuera del entorno de seguridad que ofrece una reunión a tal fin o una tutoría individualizada.

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El respeto al niño y a la niña pasa por aceptar su personalidad sin etiquetas, por permitirle crecer y desarrollarse, cambiar, aprender, evolucionar. Si creamos a un niño o a una niña la reputación de “malo” o de “bueno” o le ponemos cualquier otra etiqueta de cualquier tipo, estamos vulnerando uno de sus derechos fundamentales.

Y en ese mismo sentido (y siempre desde el ejemplo) se debería instar a las familias a preservar la intimidad de sus hijos e hijas tanto en redes sociales como en grupos de Whatsapp o similar, debido a la repercusión que este hecho tiene para los menores.

En la sociedad que vivimos, se hace más necesario que nunca tener muy presente este artículo, ya que un gran número de personas desconoce lo que es la “identidad digital” término con el que deberíamos familiarizarnos, para poder aplicar al mundo virtual lo que aún nos cuesta conseguir en el mundo real. La reputación y la honra de una persona ahora pueden controlarse o manejarse a través de tweets, y eso también forma parte de la educación.

Artículo 24.1. “Los Estados Partes reconocen el derecho del niño al disfrute del más alto nivel posible de salud y al servicio para el tratamiento de las enfermedades y la rehabilitación de la salud. Los Estados Partes se esforzarán por asegurar que ningún niño sea privado de su derecho al disfrute de esos servicios sanitarios”.

Hay dos temas básicos que se observan habitualmente en los centros educativos, y en los que, sin tener a priori mucho poder de acción, se puede incidir positivamente a través del diálogo con los niños y niñas y con sus familias: la alimentación y el descanso. También forman parte de la salud el estado mental y emocional de los niños y de las niñas, pero no incidiremos expresamente en ellos en este artículo.

¿Cuántos niños y niñas van al cole después de haber tomado solo un vaso de leche para desayunar? De los que desayunan, ¿cuánto azúcar, grasa de palma, y excipientes perjudiciales contienen esos cereales, galletas o bollería industrial que consumen? ¿Cuántas familias (por desinformación) se preocupan de los componentes de los “productos para niños” que se anuncian en televisión?

La alimentación sigue siendo una asignatura pendiente en la mayoría de países desarrollados, y cuando hablamos del derecho a la alimentación, solo pensamos en los niños y niñas que se mueren de hambre, sin pensar que “los de aquí” carecen de nutrientes elementales que cambiamos habitualmente por grasas y azúcares.

El descanso es, asimismo, otro ingrediente necesario y fundamental para un correcto desarrollo de los niños y las niñas. Durante la noche es cuando empiezan a funcionar las hormonas implicadas en el crecimiento, cuando se desarrollan y regeneran las células y los tejidos, y el cuerpo se prepara para la nueva jornada que comienza. Lejos de decir “tienes que acostar pronto al niño, o a la niña” deberíamos optar por formarnos y formarles, para que manejemos la información adecuada y cada uno pueda actuar en consecuencia.

Artículo 27.1.: “Los Estados Partes reconocen el derecho de todo niño a un nivel de vida adecuado para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral y social”.

Y yo pregunto a todos esos que dicen que “la escuela solo está para enseñar contenidos”, que si un niño o niña pasa (en algunos casos) casi doce horas en el cole… ¿quién va a velar por el cumplimiento de este derecho?

Como podrás imaginar, me encantaría seguir comentando más artículos, pero eso alargaría mucho el post, así que te invito a que compartas cuáles son para tí los derechos fundamentales que deberíamos tener en cuenta en “el primer mundo”. Gracias por dejar tu aportación en los comentarios. ¡Feliz semana!