El pasado 27 de noviembre se celebraba el “día del maestro”… ¿y de la maestra?? A pesar de que algunos medios hicieron eco de que más del 50% de las que ocupamos esta maravillosa profesión somos mujeres, la mayoría de los mensajes que recibí por WhatsApp, de los que se compartieron en Facebook (incluso desde perfiles donde se defiende habitualmente la co-Educación y la diversidad), Twitter, Instagram y demás redes sociales, decían textualmente: “feliz día del maestro”. Y yo, al menos, no me sentí incluida.

Hace un par de años, cuando mi sobrina M. tenía 4 añitos recién cumplidos, le dije un día que íbamos a ir a un parque nuevo que era muy divertido y en el que había un montón de niños… y entonces ella me preguntó si también había niñas. En esa conversación con una de mis grandes maestras se colocó en mi cabeza algo que llevaba años meditando sin una respuesta que me resultara fácil de llevar a cabo, porque no la acababa de integrar dentro de mí. Ahí entendí muchos de los artículos que había leído durante años, y tuve argumentos suficientes para defender ante los defensores de la gramática española y el uso del masculino como genérico, que si no damos visibilidad a las niñas, difícilmente conseguiremos acabar con esa tan temida violencia de género, o con la disparidad en los puestos de trabajo, diferencia de salarios, conciliación familiar (para papás y mamás), etc.

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Me hace gracia cuando en una conferencia, taller o curso, el ponente o la ponente se disculpa diciendo que va a usar el masculino aunque hable de “ellos y ellas” por no perder tiempo, o para que el discurso no suene “cansino”. Y casi siempre eligen el masculino… ¿Por qué nos cuesta hablar de otra manera, alejarnos de los estereotipos y de la impuesta sociedad patriarcal? ¿Por qué nos cuesta decir ellas, aunque en ese “ellas” caben todas las personas del planeta?

Como te acabo de contar hace apenas unos años que se han colocado en mi cabeza todas las piezas de un puzzle que se inició cuando era pequeñita y quería hacer cosas de chicos. Afortunadamente, en casa tuvimos una educación alejada de estereotipos de género y pude hacer, decir y vestirme como quería. Hace poco escuché a una maestra decir que “a los niños les gusta jugar al fútbol y a las niñas bailar” y casi muero al escucharlo. El año pasado una compañera defendía enérgicamente que lo llevan en los genes, con lo que estoy totalmente en desacuerdo. Por suerte, hay muchos centros en donde los uniformes ya son iguales para ambos géneros, tienen igualdad de oportunidades y se les educa en el respeto. Y ahí es donde comienza el cambio…

¿Qué tipo de personas queremos en el mundo?

A veces, en educación perdemos la visión de lo que es importante, de que los niños y las niñas son las personas del futuro. Desde todos los ámbitos nos dedicamos a poner tiritas y a curar los problemas que están surgiendo (violaciones en grupo, asesinatos de parejas y descendientes, genocidios…). Éste es el resultado de la educación que se les dió a esas personas cuando se sacaron de la escuela los valores, y se empezó a dar importancia solo a los contenidos. La escuela vuelve a estar en un gran momento de cambio, y es en éste momento en el que todos y todas debemos responsabilizarnos para acabar de una vez con ésto.

Cada vez veo a más niños jugar con los bebés. Ellos quieren ser como sus papás… si un papá ejerce su paternidad de forma responsable, quiere, cuida, alimenta, ama… sus hijos también querrán ser como él, y estaremos educando a los niños a ser hombres responsables y respetuosos en el hogar, y en la familia.

Cada vez hay más niñas que juegan a construcciones, o a los coches. Ellas están aprendiendo que no necesitan que un hombre les cambie la rueda del coche o les ponga los cuadros. Están aprendiendo que en el momento que decidan tener una pareja, será una elección y no una necesidad, están asumiendo que son competentes, completas y sobre todo, que son capaces.

La sociedad la creamos hombres y mujeres, trabajando en equipo. Todos y todas somos diferentes, y necesarios. Nosotras tenemos unas cualidades y unas capacidades, ellos otras. A veces ni siquiera se cumplen los estereotipos de género (cada vez menos) y vemos que estaban muy forzados por una educación machista y retrógrada. Y la única manera de avanzar es saber y respetar que somos diferentes, y que merecemos los mismos derechos, las mismas oportunidades, y tener todas las opciones.

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¿Cómo iniciamos este trabajo en la escuela y/o en casa?

En este vídeo puede verse en el punto en el que están ahora muchos y muchas de los y las adolescentes actuales. Llevo años viendo como pasamos de unas generaciones en las que hemos vivido y crecido en grupos mixtos, donde nos respetábamos y compartíamos aficiones comunes, a este tipo de adolescencia en la que ellos y ellas viven realidades diferentes.

Pues ahí se llega desde el autoritarismo y las relaciones verticales. Si gritas a tu hijo o a tu hija, si lo haces con tus alumnos y alumnas en clase, si impones tus decisiones sin dar opción a la negociación y/o al pensamiento, estás fomentando este tipo de relación, pues ellos y ellas entienden, desde su infancia, que una persona que se supone que les quiere puede obligarles a hacer algo que no les gusta o incluso hacerles sentir mal en alguna ocasión.

La mejor manera de empezar es visibilizar a las niñas con el lenguaje… los primeros días (cuando no están acostumbradas) es alucinante el brillo que se les ve en los ojos y la expresión de sus caras. Solo con eso merece la pena. Puedes encontrar varias guías para utilizar el lenguaje no sexista en el aula, una de mis favoritas es la editada por el ayuntamiento de Mogán.

Otra de las cosas que se pueden hacer en el aula es evitar los estereotipos, utilizando disfraces iguales en carnaval para ambos sexos, igualando el uniforme, dejando que cada niño y cada niña elija sus colores o actividades favoritas sin sentirse juzgado, etc.

Como último punto importante, hablar de la importancia de respetar el cuerpo de los demás (“me ha tocado el culo” “me levanta la falda” etc) dándole la importancia que se merece, y siempre desde la opción de personas… Debemos evitar caer en “los niños hacen eso a las niñas” o “a las niñas no les gusta…” La forma adecuada de tratar este tema sería hablar de que el cuerpo de cada persona pertenece a la intimidad de esa persona (tanto el culo, como la cara, los brazos o cualquier otra parte…) y por eso nadie puede tocarnos sin consentimiento, ni podemos tocar a otra persona sin su consentimiento.

Además, si algún niño o niña deciden que “son novios” o que “se quieren casar” también deberíamos tratar el tema con la importancia que merece (o no darle ninguna importancia), sin reirles la gracia porque, como puedes ver en este artículo, no es algo para reírse.

Y tú… ¿crees que estamos más cerca de la co-educación o que nos resulta difícil?