Llega la Navidad a casa y a la escuela… y llega así, como cada año, cambiando la decoración y los ánimos, invitando al consumismo y a comprar sin pensar, pensando en el “quiero” y dejando a un lado el “soy”, enfocada en “pedir” en lugar de “agradecer”.

El año pasado por estas fechas escribía sobre la evaluación y su “sinsentido” cuando simplemente se hace para poner un número a esas personitas con las que llevamos conviviendo un trimestre entero.

Hoy te traigo una profunda reflexión acerca de la celebración de estas fechas, y te pido que compartas, si te apetece, tu experiencia al respecto.

Te hablaré de los “festivales de Navidad”, del consumismo, y de los valores que le ponemos (o no) a estas vacaciones, más allá de la cesta de la compra.

¡Cantemos, bailemos, celebremos!

Este año tengo plaza como maestra de música. Me encantan los espectáculos, porque detrás de ellos hay horas de trabajo y esfuerzo, de sentir el arte en todas sus dimensiones, y se da vida a la magia de crear un momento único que recordarán durante mucho tiempo.

Me gusta que sea un proceso consciente, donde seamos capaces (ellos, ellas y yo) de disfrutar el camino, aprender, elegir, ser conscientes de nuestras limitaciones y de lo que nos gusta o no. Y sobre todo, me gusta consensuar lo que vamos a hacer, dotarle de sentido, infundirle ese carácter pedagógico que solo tienen las actividades que nos sirven para la vida.

Cuando tengo que hacer un festival de villancicos simplemente porque es Navidad, cuando lejos de preguntarme si me apetece o si me gustaría hacer otra cosa para cerrar el trimestre se me impone, cuando se da por hecho que todos los niños y niñas tienen que cantar (aunque sean musulmanes, ateos, testigos de Jehová…), siento que se están vulnerando algunos de los derechos fundamentales que tenemos como personas, y eso me hace sentir triste.

Llevo más de media vida reflexionando sobre muchos temas referentes a la escuela y a la educación, y cada vez entiendo menos por qué se cierra un trimestre con una celebración que es tradicionalmente cristiana (y que ni siquiera todos los cristianos están de acuerdo en su celebración). ¿Eso nos incluye a todos, a todas?

Me gusta plantear alternativas, y me gustaría que aprovechásemos la dulzura de estas fechas para mirar hacia lugares más desfavorecidos, hacia niños y niñas que apenas tienen lo necesario para sobrevivir, hacia lugares que necesitan ser visibilizados.

La magia se encuentra en muchos y diferentes lugares: en el apoyo de un amigo o amiga que está a tu lado cuando le necesitas; en el abrazo a esas personas que ves menos de lo que te gustaría; en la sinceridad del día a día; en compartir risas, momentos y silencios… la magia está en la vida.

Y sin embargo, en estas fechas y en muchas otras, les mostramos que está fuera…

Yo quiero, me pido, necesito.

¿Realmente algo material nos puede/les puede hacer más felices? Habitualmente escucho que los niños y niñas de hoy son exigentes y desagradecidos, y me suelen sorprender este tipo de afirmaciones porque ellos y ellas no venían con esta información de serie… ¿de dónde les ha llegado?

Navidad 3

Todavía no he visto ninguna carta a los Reyes Magos o a Papá Noel que empiece con un agradecimiento… ni que empiece reconociendo los errores y el aprendizaje que han supuesto… solo es… “he sido bueno o buena, así que quiero…”

Detrás de esta aparentemente inocente fórmula se esconde por un lado la necesidad de ser bueno o buena en la conducta (algo que ni es medible ni objetivo, y que casi nunca se corresponde con la conducta en cuestión sino con el poder adquisitivo de las familias) y por otro el refuerzo material (regalos) a una conducta que debería ser inherente a cualquier ser humano.

Esto, de alguna manera, anula la voluntad en sí misma… yo aprendo que si hago algo que me pide el otro, el otro tiene que darme algo a cambio, y se crean dependencias emocionales, económicas, y chantajes de todo tipo.

Durante meses se chantajea y amenaza a los niños y niñas con “los Reyes te están viendo” o “como sigas así los Reyes no van a traerte nada” y un largo etcétera.

Y los centros comerciales, jugueterías, restaurantes, supermecados, etc. hacen su agosto particular por la necesidad creada que tenemos de comprar cosas (para tapar vacíos) y aparentar que nos llevamos bien. ¿Qué hay de verdad en todo esto?

Es tiempo de plantearnos qué valores queremos trasmitir a los niños y niñas.

La verdad es que cuando vemos cenas y comidas de Navidad parece que viviéramos en un mundo ideal de amor, felicidad y compañerismo… Suelo preguntarme cómo es el día a día de esas personas, sin maquillaje y sin tacones, sin sus mejores galas… ¿sonríen a sus compañeros y compañeras? ¿les ayudan y facilitan su trabajo? ¿se preocupan por las demás personas o solo están centrados en sus objetivos? Y me gusta pensar que, en muchos casos, la respuesta es afirmativa… Sí, a pesar de que soy crítica, me gusta soñar que en el mundo hay algunas (o muchas) personas que piensan en los demás a la hora de actuar.

Cuando le preguntamos a un niño o a una niña qué le ha pedido a los Reyes, le invitamos a pensar solo en sí mismo o en sí misma, y a hacerlo desde la carencia, desde algo que quiere y no tiene, y que, dependiendo de las posibilidades económicas de su familia, tendrá o no tendrá. Eso les hará vivir más adelante pensando en que serían felices si tuvieran ésto o lo otro… y muchos y muchas vivirán su vida sin vivirla, pues las cosas materiales solo dan una satisfacción momentánea que tiene que ver con el placer inmediato y que está lejos de la plenitud personal.

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La Navidad como celebración de algunas religiones tiene valores que pueden ser extrapolados a cualquier persona y a cualquier cultura del mundo… habla de celebrar el nacimiento, de ser agradecidos con los demás, de ayudar al que lo necesita, de compartir, de amar incondicionalmente, de mirar las estrellas, de buscar la luz que hay dentro de cada uno y de cada una, de la humildad…

Y yo me pregunto… ¿por qué nos quedamos con lo material y dejamos a un lado los valores? ¿Qué sentido le estamos dando a la vida? ¿Qué queremos trasmitirles a las futuras generaciones?

Te agradezco que hagas llegar este mensaje a quiénes crees que les servirá leerlo, y que compartas tus opiniones más abajo, en los comentarios. ¡Feliz semana!