Unas decenas de cuadernos de bitácora reposan en mi estantería esperando a ser leídos por lectores curiosos, emotivos, con ganas de ver el mundo desde otra perspectiva, la de una niña que creció queriendo cambiar el mundo porque el que había no le gustaba para vivir… Muchas aventuras son las que he vivido, pero lo más interesante de todo, es que estoy segura de que.. ¡lo mejor está por venir!

Cuaderno de bitácora. Jueves, 6 de abril de 2017. Madrid-Gran Canaria.

“Viajar sirve para ajustar la imaginación a la realidad, y para ver las cosas como son en vez de pensar cómo serán”. Samuel Johnson

Los aeropuertos siempre me traen una sensación de nostalgia. Me invitan a parar a reflexionar, entre la locura y las prisas de quienes viajan con agobio.

Quizá en el último año he pisado más aeropuertos que en toda mi vida, y en todos ellos, algo dentro de mí me lleva a reflexionar y me invita a escribir.

Hoy se acabaron las clases por unos días. Cerré la puerta con una sonrisa de cansancio y la esperanza de un futuro más amable. A media hora de camino en coche, otro mundo se abre ante mí, una ilusión, un viaje, una nueva aventura con que emocionar y emocionarme, unos días conmigo misma (y con quienes me encuentre en el camino). ¡Qué importante concederse tiempo, regalarse momentos, apreciar la soledad!

Pasos. Gritos. Flores. Despedidas. Reencuentros. Lágrimas. Carreras. Aburrimiento. Ternura. Odio. Juegos. Amor. Soledad. Pasión. Sueños. Abrazos. Palabras. Silencios.

El paisaje alrededor cambia en base a donde pones el punto de mira. La espera invita a la calma, al diálogo interior, a estar en paz, a la compasión. Vienen a mí imágenes de los últimos días, de las últimas semanas; diálogos sinceros; conversaciones llenas de puñales disfrazadas de amabilidad; sueños compartidos; fanatismos pasados de moda; momentos mágicos emocionantes; y chantajes emocionales. El teatro de la vida (la dualidad en sí misma) pasa por mis recuerdos, con la consciencia de que son recuerdos sesgados por lo que mi memoria haya decidido seleccionar.

Pronto hará un año desde que comenzó el gran viaje, y estoy convencida de que el aprendizaje continúa. Han sido muchos momentos de aprendizajes en soledad, y de miles de historias compartidas con personas maravillosas. Y cada vez tengo más claro que sí es importante donde te posiciones para mirar el mundo, y sobre todo, para actuar sobre él.

Montones de preguntas se han ido agolpando en mi cabeza a lo largo de estos meses, y sé que eso es bueno, ya que me llevará hacia adelante, siempre hacia adelante… Algunas han ido encontrando su respuesta, para otras aún no estoy preparada; y todas ellas me hacen crecer.

¿Qué es lo que te mueve en la vida? ¿Cuáles son tus valores, el motor que guía tus decisiones y tus pasos? ¿Qué es lo que te incita a tratar de una u otra forma a quienes tienes alrededor?

Hay muchos tipos de personas, y cada una es diferente. Con el tiempo he aprendido que no hay buenos y malos, ni mejores y peores; sino que cada uno vivimos en base a un código diferente, y nuestro poder consiste en saber elegir en cada momento en base a los valores que rigen nuestra vida.

Me costó mucho llegar hasta aquí pero creo que es lícito que cada cual actúe en base a su conciencia, sin pretender que otros acepten su moralidad como propia. Me explico… hay personas que se mueven en torno al poder, otras en torno al dinero, otras quieren gran prestigio social o complacer a su pareja, familia o amigos, otras quieren tener el control de su vida sin entender ni plantearse que están jugando a un juego del que solo son una marioneta, otras simplemente quieren que su negocio funcione… hay personas amables que se mueven por justicia, queriendo un mundo más justo para todos, las hay que ponen a su familia en primer lugar por delante de todo lo demás, hay personas que desprenden amor y solo amor, hay personas que buscan ser mejores personas (con lo que eso quiera decir para ellas)… hay muchos tipos de personas, y cualquiera de ellas, podría trabajar en un centro educativo, a tu lado, exponiéndose cada día ante cientos de ojos de niños y niñas que están aprendiendo y absorbiendo sus valores.

Observo mucho a los niños y niñas de cualquier edad… me gusta ver cómo juegan libremente, cómo se relacionan, cómo piensan y realizan hipótesis… mirarles te da muchas pistas sobre el tipo de adultos con los que conviven cada día, y las maestras y maestros tenemos aquí una gran responsabilidad. Me encantaría tener a mi alrededor personas que se lo planteen cada día, cómo mejorar yo para ser mejor modelo para ellos, para ellas, para quienes están observando.

El pasado fin de semana lo pasé soñando, porque en estas últimas semanas estoy descubriendo que hay personas que tienen los mismos valores que yo y que sueñan mis mismos sueños… cuando soñamos juntos, creamos mundos bonitos como el que vivimos en algunas ocasiones. Pero esta historia la escribiré más adelante.

Hoy, volando al paraíso, siento el cansancio acumulado en la cabeza; y siento la emoción de haberlo vivido todo desde la compasión, la serenidad y la aceptación. Visualizo el agua del océano rodeando mi cuerpo, y la respiración como única compañera de camino. Dejarme fluir y ver qué ocurre. Ahora ya entiendo esa frase. La vida siempre merece la alegría de vivirla intensamente, con todo aquello con lo que nos quiera sorprender…

¡Feliz navegación! ¡Felices vacaciones!